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¿Cuánto vale tu entrada? Los costos que tiene ir a un recital

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Por Anto Ferretti y Lucho Durán

¿Por qué es tan cara la entrada para un recital? Ésta es la típica pregunta que surge cuando se anuncia la gira de un artista, ya sea nacional o internacional. El precio es uno de los factores determinantes para que los fans tomen la decisión de asistir o no a un concierto. Además, la anticipación de venta, la división de localidades y los altos costos de servicio son otros aspectos que se cuestionan antes de comprar un ticket. Pero detrás de ese cartoncito, hay un sin número de elementos que entran en juego para decidir su valor.

Las productoras hacen una proyección de cada show, estiman la posible convocatoria e inician un largo camino para calcular los valores que implica la organización de un espectáculo. Según Andrés Costa, productor artístico de La Trastienda y Pop Art Music, “existe un punto de equilibrio que se determina cuando se tienen claros los gastos necesarios para traer a un artista. Algunos vienen con todos sus equipos, para lo que se debe alquilar un avión de carga, lo cual aumenta el costo. De lo contrario, te mandan un listado del rider o backline para alquilarlo acá. A eso hay que sumarle el cachet (remuneración para el músico o banda), los pasajes aéreos, el alojamiento, la comida y los viáticos”. Y eso es sólo el principio.

El alquiler del venue, luces y sonido con sus respectivos operadores son los  números más altos a considerar junto con los impuestos: SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música), ARGENTORES (Sociedad General de Autores de la Argentina), SADEM (Sindicato Argentino de Músicos), y si el artista es extranjero, entre un 30 y un 40% adicional sobre el total del dinero enviado al exterior. Además, hay que contar con los seguros de vida y accidentes para cada músico y la publicidad en televisión, radio, vallas, prensa escrita y web.

“No hay una fórmula mágica. Cuando se tienen la mayoría de los valores, se estipula el precio de la entrada para que al vender la mitad de las localidades, esa recaudación empate con los gastos, lo demás es ganancia”, asegura Mario de Cristofaro, fundador y director de Tribulaciones, una productora destinada a difundir la música de artistas que habitualmente no tienen espacio en los medios masivos de comunicación. Asimismo, considera que la intuición del productor juega un papel muy importante ya que no todos los artistas son redituables. En ocasiones, debe aumentar el valor del ticket para no generar pérdidas y no depender de un gran número de localidades vendidas.

“A veces se pierde, como el caso de Carla Morrison, que vino en 2016 al FRI Music organizado por Movistar e hizo un sideshow en La Trastienda. Si ella no hubiese pertenecido al line up de ese festival, los números para nosotros hubiesen sido peores”, cuenta Costa. Es la razón por la que a veces se hace imposible que las productoras más chicas traigan artistas medianamente reconocidos a nivel internacional sin ningún patrocinio.  

Actualmente, los sponsors son de gran ayuda para las productoras porque solventan una gran parte de sus gastos, sobre todo los artísticos. Mediante este sistema tienen todos los números cubiertos y la entrada es una ganancia neta. Este es el caso de los festivales, ya que al patrocinador principal se le pasa una lista de artistas que se pueden traer con la cantidad de dinero que ellos dispongan. “El negocio parece redondo, pero las grandes marcas están con las productoras de mayor renombre y se comenzaron a formar oligopolios. Si bien tiene su lógica desde el punto de vista empresarial, porque nuestros artistas tal vez no sean tan mediáticos como los suyos, las pequeñas y medianas productoras tenemos más continuidad y una agenda anual mucho más nutrida”, agrega De Cristofaro.

¿Y el service charge?

La impresión de las entradas es otro factor que se tiene en cuenta al momento de fijar su precio, ya que este es abonado a la ticketera antes de que salgan a la venta. Sin embargo, las productoras no inciden en el valor que estas empresas otorgan a su servicio. En un principio, el porcentaje estaba justificado porque las entradas se enviaban al domicilio del cliente. Hoy no funciona de esa manera. El adicional que cobran estas compañías es aproximadamente el 12% del valor del ticket y corre por cuenta de quien las compra sin ningún tipo de beneficio.

No al campo VIP

Tras la tragedia de Cromañón, cambiaron las políticas sobre la organización de eventos masivos. “La municipalidad especifica que la distribución del campo debe ser de una persona por metro cuadrado. Antes de Cromañón eran cuatro por metro cuadrado”, afirma Costa. Y aunque existe la norma, no siempre se cumple.

El VIP fue ideado para darle respiro al campo general y así evitar avalanchas en el sector de la valla. Por lo general, era un espacio más chico con el que se intentaba cumplir con la normativa mencionada, pero se fue haciendo cada vez más grande y se le dio un estatus más alto que se ve reflejado en el precio. “A veces el VIP lo exige el sponsor. A ellos les sirve que una modelo o un actor se saquen fotos con el banner para asociar la marca con determinado artista”, detalla De Cristofaro.

Este tema logró relevancia luego del recital que Pearl Jam realizó en 2011 en el Estadio Único de La Plata. La división en tres partes del campo generó indignación entre los asistentes, quienes criticaron los elevados precios de las entradas y la pésima distribución de las localidades. Ese mismo año se creó el colectivo “No al campo VIP en Argentina” – que hoy cuenta con más de 50 mil seguidores en redes sociales – con el fin de  mostrar las irregularidades que presentan algunas productoras en la organización de eventos masivos y repudiar el abuso con los valores de las entradas.

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RETRO

A 25 años del primer show de Metallica en Argentina

Nothing else matters.

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Foto: YouTube

El 7 de mayo de 1993 Metallica se presentaba en el estadio José Amalfitani, por primera vez en Argentina. El conjunto liderado por James Hetfield, que en ese momento estaba formado por Dave Mustaine en guitarra, Robert Trujillo en bajo y Lars Ulrich en batería, se encontraba en la gira de promoción de su tercer álbum de estudio Metallica, más conocido como Black Album o Álbum Negro en hispanoamérica, y se disponía a llenar todas las localidades del club Vélez Sarsfield. El disco, producido por el canadiense Bob Rock, había superado la 500 mil copias vendidas en la primera semana y era esperado en todo el mundo. La cobertura publicitaria en la Ciudad de Buenos Aires había sido masiva y los fanáticos no dudaron ante la llegada de una banda eminente del heavy metal. En 1992 había tocado Iron Maiden en el Club Ferro Carril Oeste, y la banda originaria de Los Ángeles tenía una cita pendiente con nuestro país.

Carla Ritrovato, reconocida locutora de la FM Rock and Pop, comenta que la emisora pasaba continuamente temas de Metallica, con el fin de promocionar el recital. En ese momento, Alejandro Nagy, locutor de esa misma radio, se encontraba conduciendo junto a Eduardo el Ruso Verea el programa de trasnoche Heavy Rock and Pop, uno de los principales patrocinadores de este multitudinario concierto, centrado en el escenario metal. “Había mucha expectativa con respecto a este show porque uno no se lo imaginaba. Que iban a venir los Guns and Roses lo sabíamos, pero lo de Metallica nos sorprendió”, cuenta al recordar aquellos años en los que la radio ejercía como productora, bajo el mando del empresario Daniel Grinbank, creador de DG Producciones.

Alejandro Nagy comenta que la banda le pidió a los organizadores una sala de precalentamiento para el concierto, donde pudieran tocar sus temas antes de salir al escenario. “Exigieron que todo sea de color negro. Hasta las toallas. Claramente era la gira de promoción del Álbum Negro”, cuenta entre carcajadas y recuerda también la noche en la que llevaron a Ullrich a un bar porteño, donde el dueño le pidió que le firmara una de las paredes: “Nadie se percató de que al otro día vendría el de mantenimiento a limpiar. El pibe le borró la firma”. Fue el locutor quien arengó al público y presentó las bandas en ambas fechas.

Entrada al segundo show

Una de las personas que más rememora el show en sí es Carlos Charly Carnota, baterista del grupo Massacre, que en ese momento se encontraba tocando para la banda RIP, y pudo ver el recital desde el mosh-pit, la zona cercana al escenario donde se arma el pogo. “Fue un show impresionante, el comienzo con Enter Sandman es inolvidable. Estábamos muy cerca, ellos caminaban por una pasarela por el medio del público, era muy loco para nosotros”, recuerda y cuenta además que, junto a los integrantes de RIP, le costó llegar hasta ese sector: “Nos hicieron pasar por la zona del campo. La gente nos tenía bronca porque íbamos a adelante. Nos insultaban bajo una lluvia de escupitajos. Durante el show nos tiraban cosas, eso también lo recuerdo”. Igualmente aclara que, fuera de esos hechos, no hubo incidentes en el estadio.

El grupo volvió a tocar al otro día y volvió a llenar Vélez. Luego regresaron a nuestro país en reiteradas ocasiones, haciéndolo por segunda vez en 1999. En 2003 se generó una polémica en torno a la cancelación de su show una semana antes en el estadio River Plate, debido a un agotamiento físico de sus integrantes. Hubo que esperar 7 años más para verlos en vivo, ya que recién volvieron el 21 de enero de 2010. Luego lo hicieron en 2014 en el Estadio Único de La Plata y en 2017 en el Lollapalooza. Para los fanáticos, ningún concierto se compara a aquella noche de 1993 en donde una multitud cantó al son de canciones como Nothing Else Matters y Seek & Destroy. Muchos de ellos, al igual que Nagy y Carnota, piensan que el gran impacto positivo de ese show se debe a que la banda se encontraba en su momento más exitoso.

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La posta la tiene el poster

El arte del afiche

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En la era de la digitalización, cuando los medios de difusión impresos están desapareciendo lentamente,  los afiches se encuentran en pleno auge y han pasado a ser una pieza fundamental, no sólo a la hora de difundir un evento, sino también al momento de representar la estética de un proyecto artístico.

El boom del poster permite que varios afichistas se tomen algunas licencias que antes quizás no ocurrían. ¿Esto lo acerca más al arte y lo aleja más de la publicidad? Algunos de los principales exponentes del afiche artístico en Argentina responden esta y otras preguntas.

El arte se define por su intención. Los afiches de rock suelen tener una funcionalidad informativa, pero siempre son un complemento visual de la música”, señala Santiago Motorizado, frontman y creador de todas las publicaciones de Él Mató a un Policía Motorizado. Por su parte, el platense Valentino Tettamanti, creador de criaturas que han inundado varios posters del under argentino, sostiene que “lo que produce que el afiche se acerque a una obra de arte es la posibilidad de contar una historia dentro de un espacio, más allá de la información que se utiliza para anunciar un evento”. Entre las obras de Tettamanti se destacan varios afiches para Pura Vida Bar, el mítico espacio de la ciudad de las diagonales. También ha trabajado en artes de tapa de discos, entre los que se destacaPor amor al baile, del productor y DJ oriundo de la ciudad de Lanús, Villa Diamante.

Afiche realizado por Santiago Motorizado para el concierto que su banda dará el próximo mes en el Ciudad Cultural Konex

Según Víctor Moscoso, uno de los principales referentes a nivel mundial del poster, la psicodelia rompió con el afiche tradicional. Si antes el poster debía comprenderse a simple vista y ser de fácil lectura, la ruptura se generó con la aparición de la psicodelia que invitaba a frenar y contemplar el cartel para ver quién tocaba y en qué lugar.

Mi principal objetivo es que la imagen siga teniendo valor después del show”, afirma el afichista, VJ y fundador de Imprenta Chimango, Santiago Pozzi. Gracias a su técnica basada en la serigrafía, que en comparación con otros métodos de impresión requiere de menos inversión y permite trabajar desde la autogestión, ha trabajado con un racimo de bandas locales e internacionales como Los Espíritus, Prietto Viaja al Cosmos, Lito NebbiaPearl Jam, Tame Impala, Blind Melon, Soundgarden o Queens of the Stone Age, por sólo nombrar algunos.  El serigrafista sostiene que “el afiche debe tener una cualidad que te invite a contemplarlo, a disfrutar de esa imagen y que te haga pensar cual es el significado. Para lograr es fundamental el uso de figuras o recursos retóricos de la lingüística y de la poesía, como son la metáfora o la metionina. Estas figuras acercan al afiche más al campo de lo poético”. Pozzi no se considera un artista, y a la hora de encarar un proyecto lo hace con un proceso que está más ligado al diseño, donde hay una investigación previa.

QOTSA en el Luna Park

Para el fundador de Imprenta Chimango y  actual encargado de las proyecciones en vivo de Los Espíritus “la aparición del disco en formato digital ha hecho que el público empiece a consumir materiales alternativos, entre ellos, el afiche”. Por su parte George Manta, serigrafista y diseñador marplatense, que ha trabajado en proyectos para para Devendra Banhart, Slowdive, Mac Demarco, Foals, y los festivales Music Wins y Lollapalooza, elige ir más allá del poster y hace hincapié en el auge del disco vinilo: “es una industria que resucitó y que a su vez conlleva a un trabajo gráfico que está diez veces mejor que el CD”, afirma.

Actualmente Pozzi se encuentra produciendo en serigrafía el afiche del próximo show de Los Espíritus junto a Bombino – Foto: Sonia Basch

Pozzi, Motorizado, Manta y Tettamanti son tan solo alguno de los principales exponentes del país. En una época donde hay infinidad de artistas y bandas tocando o lanzando nuevos discos, los afichistas son una pieza fundamental para el concepto de cada proyecto.

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Los nuevos sonidos experimentales y la escena que se viene

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Triunfar en el rock no es fácil, hacerlo en la Argentina menos, y si haces música experimental se vuelve más complicado. Sin embargo, con la consolidación de bandas como Morbo & Mambo y D.I.E.T.R.I.C.H en la escena local, hace cuatro años,  se abrió el panorama para que cada vez sean más los artistas, influenciados por una nueva corriente a nivel global, que puedan demostrar su arte.

“Antes de D.I.E.T.R.I.C.H, la única banda instrumental que había visto en Niceto era Go Neko. Para tocar era toda una movida, generalmente tenías que invitar a un montón de bandas y armar como un festival”, recuerda Rodrigo Cursach Hakinen, ex miembro de es banda. “Hoy en día creo que un poco lo sigue siendo, pero la diferencia está en que los mismos que intentamos llegar a algo ahora estamos produciendo, y eso me trae esperanzas”.

Una de esas bandas es Moon Pollen, un proyecto electrónico liderado por Hernán Bor. Influenciados por bandas como Air o LCD Sounsystem, el grupo tomó forma en 2010 y en 2013 editaron su primer disco, Think Less, Feel More. “Queríamos un sello que tuviera que ver con nuestro sonido. En Argentina mostramos un poco el material, tratamos de ir a sellos under y no nos dieron bola, por lo que tuvimos que mezclarlo en un sello digital de nueva york”, manifestó Bor. En 2016 publicaron We Are Landscapes,  con el que fueron nominados a Mejor Álbum de Música Electrónica en los Premios Gardel.

Yumber Vera Rojas,  periodista y creador del ciclo Indiefuertes, ex Indiegentes, considera que este tipo de proyectos “forman parte de todas las propuestas federales que están sucediendo hoy en la Argentina”. Como es el caso de IAH, una banda de stoner instrumental proveniente de Córdoba. “En la Argentina, y sobretodo en Córdoba, se te hace muy difícil, no te dan bola, no te escuchan. Mucha gente nos empezó a conocer porque nos subieron a Youtube y obtuvimos 200 mil reproducciones”, explica Juan Pablo Lucco Borlera, bajista de la banda. “El circuito de acá es muy limitado. En Córdoba hay un montón de bandas muy zarpadas, pero no hay productores. Y los pocos que existen te manejan como quieren”, sentencia Lucco.

 

Otra de las bandas que supo captar el movimiento que se estaba gestando a nivel mundial fue Translúcido “La globalización nos demostró que afuera existe un mercado para las bandas instrumentales. En unos años —este tipo de bandas— vamos a ser pioneras de una movida mucho más grande, y no sólo en la Argentina”, exclama Martín Rizzola, tecladista de la banda. Decidieron prescindir de las letras en sus canciones porque sólo con la música lograron“transmitir un mensaje que se embarraría con las palabras”. Algo que según Vera Rojas fue posible gracias a Morbo & Mambo y D.I.E.T.R.I.C.H, ya que “lograron hacerle entender al público que también se puede corear la melodía, no necesariamente tienes que cantarla” . Pero para Rizolla el camino recién empieza, ya que “el mercado todavía cree que la música necesita de una letra”.

Cuando la escena se articuló, hace cuatro años, se empezó a generar una crisis de identidad en el rock argentino de “ver que mierda hacemos”, opina Yumber. Así como hoy en esta sociedad “existe una grieta”, en la música pasaba lo mismo. Tenías una escena que representaba la novedad sonora, estética y generacional, y al mismo tiempo tenías otra escena que se aferraba a un viejo modelo. “Esas dos escenas nunca se mezclaron. Al punto que festivales como el BAROCK no metieron bandas de indie argentino. Mucha gente considera que la novedad no es  esto, para ellos la novedad es La Beriso”, relata el periodista. “Yo armé el ciclo Indigientes porque me di cuenta que había una  oportunidad, era el momento para hacerlo. Se estaba dando una situación de efervescencia muy importante y no me equivoque, quizás si lo hacía un año después llegaba tarde”.

Además de la falta de interés por parte de los productores, otro punto a remarcar es la difusión. “Artistas como El Mató a un Policía Motorizado todavía no salen en la radio, Los Espíritus tampoco. Entonces no tenes medios de comunicación que banquen lo nuevo, hasta que no llevas 10 mil personas no existis”, comenta Cursach.

En sintonía, para Yumber tanto los medios como los sellos discográficos “están controlados por una manga de dinosaurios”. “ Quieren controlarlo todo y no pueden, entonces se les va de las manos. El Lollapalooza es cada vez más un festival indie y el headliner es para mantener la forma anacrónica, pero el 60% del público va a ver a toda esa segunda línea de artistas chiquititos. La mayoría de la gente de entre 15 y 25 años estaba en el escenario Perry que era básicamente de EDM y artistas que no conocia nadie. Un público en el que solo había gente joven. Eso me llama la atención porque deja en claro que la industria no entiende que es lo que quiere la gente joven” agrega Yumber.

Esto queda en evidencia cuando el primer disco de Moon Pollen “sonó más en las radios de Chicago que en las Argentinas”, de hecho hasta su nominación a los Premios Gardel no tuvieron ningún tipo de difusión a nivel nacional. Y  en el caso de IAH tuvieron que editar su disco debut por un sello peruano. Es por eso que artistas como Cursach, que pasaron por la experiencia traumática de no tener quien te acompañe ni te produzca, decidieron emprender un nuevo camino y empezar a tomar ellos los medios de producción. “Diviso que de acá a cinco, diez años, la posta la van a tener los home studio”, augura el ex D.I.E.T.R.I.C.H que hoy en día disfruta de su rol como productor en el estudio montado en su casa, Delta Uno.

“Es una transición demasiado larga”, concluye Vera Rojas, en donde la cuestión pasa por filtrar la oferta musical “para que todo tenga más sentido, la escena se vuelva más sólida y podamos entender que mierda es lo que está pasando”.

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