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El rock y la birra se cruzan en KIF

Maradona, Gallagher, el Indio y la cerveza.

Foto: Archivo stereo(música)

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Ubicada en la esquina de Avenida y Córdoba y Fitz Roy, KIF es el único lugar de la Ciudad de Buenos Aires donde podés encontrar una pintura de Diego Armando Maradona junto a otra de Jim Morrison. Atendida por sus propios dueños, la birrería abrió sus puertas en noviembre de 2017 y de a poco se fue consolidando como una fuerte competidora de sus vecinas en la noche de Palermo.

El clima es cálido y agradable. Si bien la música suena fuerte, se puede conversar tranquilamente. La playlist suele girar en torno a los rostros pintados en la pared. Desde el Indio Solari hasta Mick Jagger pasando por los Ramones o Andrés Calamaro, no hay clásico del rock que quede afuera.

Esta temática también queda explícita en el menú. En lugar de pedir unas papas con cheddar tenés que pedir unas papas Gallagher, y en un lugar de una hamburguesa vegetariana una hamburguesa McCartney, y así con cada una de las ofertas del menú, como la picada Alex Turner o las tapas Amy Winehouse.

Dentro de las hamburguesas, la favorita de la casa y  del público es la Chipaburger. “Lo más grande después de Diego, Messi y el Indio!”, opina un usuario en la página de facebook del local. Hecha con pan de queso y 200 gramos de pura carne, es una de las opciones más tentadoras de la carta. Se la puede pedir sola, a 160 pesos, o acompañada de una pinta, por sólo 200.

En cuanto a la carta de cervezas, KIF tiene cinco canillas de cerveza artesanal, partiendo de una clásica y ligera Blonde hasta otras más fuertes, como la Brown Ale, además de la Honey, la Cream Ale, la APA y la, ya clásica, IPA americana. Además, por 250 pesos, podes recargar tu growler, algo bastante oportuno para los clientes del barrio o cualquiera que esté de paso y cargue con un botellón. El precio de la pinta es de 80 y la media pinta de 50. Por otra parte, el happy hour  dura hasta las 21 y la pinta vale 60.

Abierta de martes a domingo de 18 a 3, KIF resulta un lugar clave para todo aquel que sea amante del rock y la cerveza. Ya sea en una juntada con amigos, un cumpleaños o incluso para una birra al paso en soledad, es un lugar que siempre te va a dejar satisfecho con la calidad y el servicio.

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Traer la fantasía medieval al barrio, The Prancing Pony

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Foto: Facebook The Prancing Pony

Oculto en Boedo se encuentra un refugio para el guerrero. The Prancing Pony es un bar temático digno del Rey de los Hombres o del más valiente arquero. Con sus escudos y estandartes, esta cervecería ubicada en Carlos Calvo 3737, esquina con Colombres, supo hacerse su lugar entre las grandes cadenas cerveceras como Antares o Cervelar.

Ambientada como una taverna salida de un cuento de J.R.R Tolkien, The Prancing Pony es una de las cervecerías más concurridas del barrio. Aunque tenían cerca a Cossab, sabían que no había nadie más. “Era abrir el mercado para Boedo, sabíamos que la podíamos pegar acá”, comenta Iván, mejor conocido como Ragnar, dueño del local junto a su padre, sus hermanos y su cuñado.

La cervecería abrió sus puertas en julio de 2016 y se encuentra en constante expansión. La idea es una pelea, una invasión. De un lado está todo lo referente al imperio británico, cuando todavía estaba dividido en Wessex, Essex y el resto de los reinos, y del otro lado están los vikingos nórdicos. Una de las grandes atracciones es un mural que representa un barco vikingo desembarcando en tierra sajona. Además se pueden disfrutar de clásicos del cine, como Psicosis o El Club de la Pelea, como también de El Señor de los Anillos y Vikings, que constantemente se reproducen en el proyector.

Por su parte, el menú es más bien clásico. Según Ragnar, “eso depende de si querés hacerlo temático hasta los huevos, o si sólo querés una imagen”. La idea principal era que sea un bar medieval, “pero no te vamos a hacer comida medieval, nosotros queremos que la gente común pueda venir, no quiero que comas comida de Europa del este. Queremos que comas cosas normales, papas con cheddar, hamburguesas, pizzas. Traer al barrio”.

La oferta cervecera es como el “underground de la birra”. La favorita de la casa es la Imperial Stout de Uns. “Es la bomba de las bombas. No ves la luz, no pasa. Pones la linterna al costado del vaso y se ve un puntito rojo del otro lado. Es peligrosísima, tiene café hasta los huevos”. Después están los chicos de Maisen, cervezas fuertes de impronta belga. Baba y su Red Ipa. Algunas cepas de Schaferhund, como la Dubbel. La London de Mesta Nostra, ganadora de las medallas de plata y bronce de la Copa Argentina de Cervezas en años consecutivos, la Witbier, hecha de trigo y naranja, y otras más para completar un total de quince canillas que rotan mes a mes.

The Prancing Pony resulta una parada indispensable para todo aquel que salga del trabajo y quiera disfrutar de una cerveza para calmar los ánimos de un día agitado, o para todos aquellos que quieran disfrutar de una salida distinta a la que están acostumbrados.

 

 

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Microteatro, una alternativa de la noche de Buenos aires

Arte y comida, en quince minutos

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El barrio de Palermo ofrece cada vez más propuestas culturales y gastronómicas. Pero pocos espacios logran juntar ambas facetas: Microteatro se ubica en Serrano 1139 y propone ver obras de quince minutos sobre un mismo tema, en salas de quince metros cuadrados a las que asisten no más de quince personas. Además, hay un salón y un patio al aire libre en los que Bar Quince ofrece una carta extensa de comida urbana y cerveza artesanal para que la noche sea completa.

Si bien la corta duración hace pensar que cada presentación se asemeja más a una escena o un sketch, Julieta Novarro, actriz y directora de Microteatro, confirmó en la inauguración que son obras de teatro completas con principio, desarrollo y final, en las que los directores cuentan una historia en un formato atractivo y fuera de lo convencional.

La idea nació en Madrid, España, a mediados de 2009, cuando un grupo de directores y actores se instalaron en un prostíbulo que estaba por ser demolido y se propusieron a realizar obras relacionadas a la prostitución. De allí surgió “Por dinero”, la primera temática en la historia de esta modalidad de teatro, en la que el espectador es libre de elegir la cantidad de funciones que desee ver como así también el dinero a invertir, ya que cada entrada, de setenta pesos, sirve para una presentación.

Actualmente, existen trece sedes de Microteatro en el mundo, pero en la de Buenos Aires la propuesta funciona con éxito: la tendencia de las personas es ir a ver no menos de tres o cuatro obras, de las seis disponibles por noche. Para este verano, la cartelera contiene dieciocho títulos diferentes dentro de un mismo eje temático. Durante enero, “Por las vacaciones” es el concepto que se abordará en las noches.

El establecimiento abre de miércoles a domingos y propone una salida nocturna en la que cada uno elige qué ver y disfrutar del teatro con una cercanía poco habitual entre público y actores. Ideal para cortar semana o bien para guardarse una noche del finde, Microteatro toma fuerza dentro de la movida cultural y se encarga de que los espectadores vivan una nueva experiencia en el seno de la Ciudad de Buenos Aires.

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