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PERSONAJES

Silvina Moreno se presenta en La Tangente

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Cantante, compositora y multi-instrumentista, desde sus primeros pasos en bandas tributo a Pink Floyd, Silvina Moreno no paró de crecer y nutrir su carrera en el mundo de la música. Se graduó con honores en la Berklee College of Music de Boston y exploró el under neoyorkino para luego convertirse en una de las revelaciones musicales argentinas de los últimos años, que cuenta ya con tres álbumes propios y es elegida hoy por grandes artistas como Natalia Lafourcade y Carlos Rivera como telonera de sus conciertos. Luego de una fecha agotada en abril, se presenta hoy y mañana a las 21 en La Tangente con su último álbum, Sofá.

Cada show contará con músicos invitados, entre ellos Lula Bertoldi, Nahuel Pennisi y Leonardo Linares. “Siempre me gusta invitar a otros artistas, por eso los convoqué. Vamos a tocar un tema mío y uno de cada uno de ellos. También va a haber teloneros, Dolores Cobach y Tomás Amante, dos cantautores muy talentosos, que están creciendo mucho”, dice Silvina, y asegura que va a ser un recital muy divertido. Además, la cantautora eligió, a través de las redes sociales, a algunos de sus seguidores para cantar con ella en vivo la canción Faro, uno de los temas más populares de su disco debut, Mañana.

Sofá es el tercer álbum de la artista y el primero que editó con Sony Music. Fue lanzado en 2017 y contó con la producción de Eduardo Cabra -Visitante, ex Calle 13-, cuya colaboración fue propuesta a Silvina por parte de la discográfica: “Aprendí mucho de esa experiencia, es lo más honesto, maduro y cercano a mí que logré hasta ahora. Nunca había hecho tantas canciones para un disco, en este caso compuse más de 80 ideas, de las cuales fueron elegidas 12. Fue un proceso distinto, en el que hubo que hilar muy fino”. Con él obtuvo, además, una nominación –la segunda en su carrera- a los Premios Gardel de este año, en la categoría “Mejor álbum artista femenina pop”.

Silvina es, sin duda, parte de una nueva generación de cantautoras argentinas pero, a diferencia de muchas de sus colegas, que se manifiestan explícitamente en sus shows o a través de redes sociales frente a temas como el feminismo, el machismo en la industria musical o la despenalización del aborto, ella es más reservada: “Tengo mi propia opinión, pero hoy soy más tímida porque son temas muy sensibles y me sale ser así naturalmente. Además, porque siento que lo que más me hace sentir empoderada es mi trabajo. Mi música es lo que me permite inspirar e integrar una nueva generación de mujeres artistas en Argentina”.

Hoy se encuentra componiendo, viviendo experiencias que le traerán nuevas canciones y un nuevo álbum para 2019: “Tengo muchas ganas de co-componer, la idea es tener más colaboraciones en el próximo disco, no sólo de Argentina sino también de México y Colombia. Hay un deseo de encontrar también un sonido más minimalista de lo que vengo haciendo sin perder mi esencia”.

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ENTREVISTAS

Walas: “Nos gusta la etiqueta de banda de culto porque tenemos esas características”

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El reconocido líder de Massacre, en exclusivo con Stereo,  cuenta sobre la actualidad de una de las bandas más importantes de nuestro país que con su último álbum lanzado en 2015, Biblia Ovni, ha dejado a los críticos maravillados.

Luego de haber editado Recuerdos Del Futuro, su primer dvd grabado en Obras, el conjunto pionero en el género skate punk llega al Teatro Coliseo, el 15 de septiembre para presentar “Massacredélica, un show que, según ellos, promete “un viaje al surrealismo y la psicodelia”.

-Ya es el segundo año que llevan adelante un show bajo la estética de “Massacredélica”. ¿Se sienten cómodos en este nuevo escenario?

Todos los años hacemos un show extraordinario. Un Obras, un Gran Rex o un Luna Park. Este año decidimos hacerlo en el Teatro Coliseo. Cambia por completo la cualidad de un recital de Massacre. Generalmente en nuestros conciertos somos todos uno, como por ejemplo en La Trastienda, Groove, Vorterix o Niceto. Ahí no se producen límites entre el público y el artista. La gente se sube al escenario, se tira. En este caso es diferente. Se dividen los dos planos. Uno está mucho más expuesto, ya que el espectador es mucho más pasivo. A veces me siento entre el público, y escucho a Massacre tocar, es una sensación extraordinaria.

-¿Qué tal la calidad sonora del lugar?

Hay más compromiso con lo musical. Al ser un show de Psicodelia, no nos podemos refugiar detrás de la distorsión. Se utilizan menos efectos. Es muy importante el tema luces, pantalla, estrobo, humo, luces, lasers, todo. Haciendo énfasis en lo visual. El año pasado fuimos a ver Raconto, el show de Gustavo Santaolalla y nos enamoramos del Coliseo. Hablamos con la directora del Teatro, y concretamos la organización del concierto. A mi me encanta la estética europea del lugar, es parte del Consulado Italiano.

-La etiqueta de “Banda de Culto” les sigue siendo presente. ¿Están de acuerdo?

Massacre es una banda de características de banda de culto. Está alimentada por bandas que no son muy populares. Nos gusta esa etiqueta, aunque ya hemos tocado en lugares importantes y hemos salido en la tapa de la Rolling Stone, corriendonos un poco del área de banda de culto y adentrándonos un poco en lo popular. Pero si, ocupamos el lugar de bandas de culto junto a Fun People, Boom Boom Kid y Pez. Todas tenemos la misma característica: ser discípulos de Sumo.

-¿Confías en el recambio musical que se está dando?

A mi me fascina ver a pibes sub 20 subiendo a tocar a un escenario. Creo que hay un recambio necesario, una especie de nuevo underground. Lo curioso de esta nueva generación es que ya no se manejan por el boca en boca, sino por las redes. Pero básicamente es un poco de lo que pasaba antes. Richard Coleman una vez dijo que Internet agrandó el barrio. Antes era de tu cuadra, de tu zona o de tu ciudad. Ahora sos del mundo.

-¿Hay bandas sobrevaloradas gracias a las redes?

No. Claramente no, porque ante todo tiene que haber talento. Un grupo puede tener un buen Social Manager, pero si arriba del escenario no demuestra un estilo musical interesante, inclusive una estética, no creo que llegue muy lejos.

-¿Crees que hay muchos grupos talentosos en esta nueva generación?

Estoy seguro que la generación millenial tiene mucho más talento y preparación que la nuestra. En los 90’ todo era más intuitivo, quizá más punk.  Nosotros dependíamos si o si de un estudio de grabación. Ahora con los home studios es diferente. Hay una identidad musical y estética. Cuando un fenómeno sucede lo vivís, cuando pasan dos décadas lo analizas.

-¿Cuál es el show ideal de Massacre?

El show ideal para mí necesita ser un show que dure cerca de dos horas y que no disponga solo de lo musical, sino de la concatenación. Temas unidos, stand up, café concert. Conceptos abstractos. Nos gusta esta parte performática. Nos movemos en tres realidades: El en vivo, el estudio y el en vivo para espectadores estáticos, tal es el caso de “Massacredélica”.

-¿Cumpliste tu objetivo?

Sí. En lo personal sí. De chico mi objetivo era ser buen skater, tener una disquería Punk y una banda punk. Ambas cosas las logré y me alegro mucho de haberlas trascendido. Tocar en el Luna Park, estar en la tapa de la Rolling Stone. En relación a Massacre, creo que también. Jamás nos imaginábamos el éxito que llegamos a tener.

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PERSONAJES

Detrás del lente de Cecilia Salas: “Miro la vida en fotos”

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Cecilia Salas compró su primera cámara de fotos a los 30 años, con lo que ganaba como nutricionista. El escenario de su primer rollo fue el Parque Rivadavia, dónde vendía casettes los fines de semana. Después de varios cursos y de empezar a acreditarse tímidamente en shows y conferencias de prensa, conoció a Nora Lezano, quién tiempo después la nombró su asistente: “Yo trabajaba como encargada de un comedor industrial y me escapaba para acompañarla a las sesiones que tenía para el Suplemento NO de Página/12, donde soy fotógrafa desde hace más de una década”.

Lo que comenzó como un hobby pronto se transformó en una pasión, y en su medio de vida. Trabajó en la revista Soy Rock, en Playboy y los sitios web de las radios Rock & Pop, Metro 95.1 y Blue 100.7. Hoy es también editora fotográfica de Silencio, sitio web de música y cultura joven. “Más allá de ser mi profesión, sacar fotos es mi manera de expresarme. No quiero que sea sólo un registro de algo qué pasó, sino que el otro se emocione de alguna manera”, asegura sobre su mirada detrás del lente.

En una entrevista que diste hace un tiempo dijiste: “En vivo, lo importante es saber mirar”. ¿Creés que se aprende a mirar?

Sí, totalmente. Puede ser innato o lo podés aprender. Se aprende mucho en la práctica, pero también leyendo libros y material de otros fotógrafos, viendo muchas fotos. Analizar cómo son los encuadres y, principalmente, saber mirar la luz, porque la fotografía es eso. Yo miro la vida en fotos. Hoy muchos quieren ser fotógrafos sólo por una cuestión de pertenencia, de querer estar cerca de una banda y entonces hacen pequeños cursos de “fotografía de rock”, dónde no le dan tanta importancia a la técnica y tampoco les enseñan a trabajar en equipo, a respetar al colega.

¿Cómo es el clima entre compañeros a la hora  de trabajar en un recital o en la cobertura de un festival?

El pit donde estamos a veces es una batalla campal. Quizás es porque antes éramos menos, ahora hay muchos más medios y es más complicado. Alguno levanta el celular, otro usa el flash cuando no se puede. No hay cuidado con el otro, porque nadie se los explicó o porque no les importa. No se trata de respetar al otro por su trayectoria, sino porque es un colega.

¿Cómo es el vínculo de los fotógrafos con los productores de estos eventos?

En general no nos tienen muy en cuenta. Si para ellos es importante que después se publiquen buenas fotos, deberían considerar un poco más nuestro trabajo. Hay una productora que muchas veces nos mandó al público, o nos ponen en un lugar muy chico y somos demasiados. Desde ARGRA (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina) no lograron aún poder hacer algo como por ejemplo en el fútbol, dónde los fotógrafos están más protegidos, porque estas son empresas privadas. No hay cuidado, es un caos. Son pocos temas los que suelen dejarnos fotografíar y si laburamos en estas condiciones, es difícil. Rogamos que salga una buena foto.

Con respecto al “sólo fotos de los primeros tres temas”, ¿Alguna vez esta presión hizo que te fueras sin ninguna foto para publicar?

Sí, con Oasis cuando vino en 2006. Fue la única vez que no tuve una foto. Era en el campo de Polo y el escenario era demasiado alto. Nos dividieron en tres grupos, yo iba a sacar para la revista Soy Rock y quedé en la tercera tanda. En los temas que me tocaron, Liam, que estaba más adelante, no cantaba, así que dejó el escenario. Tenía que cantar Noel, pero estaba tan atrás que no lo veía, así que no pude hacer nada. Por suerte Beto Landoni, un colega, pudo sacar y la revista se las pagó a él.

¿Qué buscás en la cobertura de un show o en las producciones de bandas y artistas?

Que la foto esté buena estéticamente y que encierre la esencia de los retratados y de su música. Antes los investigo un poco, los escucho. Cuando es posible, me gusta ser parte de la entrevista, escucharlos, ver cómo me puedo relacionar con ellos y cómo los voy a fotografiar.

¿Qué artistas querés o hubieses querido fotografiar?

Me hubiera gustado sacarle a David Bowie, pero cuando vino la última vez yo recién empezaba a estudiar. Por otro lado, tengo pendiente a los Rolling Stones, que cuando vienen sólo acreditan a los grandes medios.

¿Se puede vivir de la fotografía?

Yo vivo de la fotografía pero es difícil, porque cada vez interesa menos el trabajo profesional del fotógrafo, sobre todo con tantas cámaras digitales y celulares a nuestro alcance. Cualquiera puede sacar una foto. Lo veo principalmente en eventos sociales, no tanto en medios por ahora. La calidad nunca va a ser la misma, no es lo mismo una foto de alguien que sabe mirar que la de quien no tiene idea, pero eso en general nos fue sacando bastante trabajo.

En 2014 algunos de sus trabajos fueron expuestos en “Lado A: Rock”, su primera muestra como fotógrafa. Planea hacer otra próximamente, pero esta vez podría ser una selección de “Una canción, una foto”, una sección libre que creó en su cuenta de Instagram, en la que a cada fotografía le encuentra una letra determinada: “La música me inspira. No puedo separarla de la fotografía. Hay canciones que me disparan una foto o veo una imagen y pienso en algún tema. Es siempre la música lo que me mueve”.

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PERSONAJES

Abril Sosa presenta CUBO en La Tangente

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Baterista de Catupecu Machu, líder de Cuentos Borgeanos y dueño de una carrera solista en ascenso, Abril Sosa no deja cabo suelto a la hora de poner todo su conocimiento al servicio de sus proyectos. El último de ellos es CUBO, una performance que busca conmover al espectador,  con las herramientas de las artes visuales y literarias, para darle a Canciones para que me crea, su último disco, el show que se merece.

La cita es hoy La Tangente y las entradas se pueden conseguir en Tickethoy o en la boletería de Honduras 5329.

En este último tiempo surgieron artistas como Louta o Militantes del Climax que se dieron cuenta que con el típico recital ya no llegaban a conmover al espectador y tuvieron que animarse a más. En tu caso, ¿qué fue lo que te inspiró a crear “CUBO”?

Me gusta esta idea de quiebre, de proponer algo diferente. Me apena quizá, que en su momento no fue difundido ni hicimos entrevistas , pero cuando nos separamos con Cuentos Borgeanos por primera vez, en 2010, yo hice un proyecto que se llamaba Ni palabra, que tenía que ver también con lo audiovisual y una propuesta estética. Lo pensamos durante muchísimo tiempo con Nehuen Wolf, artista plástico, y lo emprendimos  en una galería de arte. Creo que, como hicieron Louta o Militantes del Climax, hay que dar una vuelta de rosca. Siento que si ahora vas a tocar y nada más el público se pregunta “¿para qué?”. De hecho ya no se escuchan ni discos.  Aún así, no fue una  idea de “hagamos algo que comercialmente funcione mejor”, fue una inquietud de poder plasmar y mostrar ciertas caras de las canciones y la música a través de CUBO, donde literalmente estoy tocando adentro de un cubo de tres por tres con pantallas que van proyectando imágenes y cuentan una historia. El concierto está dividido en tres actos.

Como las tres partes del disco

Exacto. Y tiene unos textos en voz en off que relatan una historia que se desarrolla a través del show y las canciones.

¿Como desembocaron las presentaciones del disco en este formato?

Canciones para que me crea fue un disco muy raro para mí. Lo compuse totalmente solo. Creo que fue un proceso casi introspectivo y después cuando salí a tocarlo en vivo no sabía bien donde ubicarme. Hicimos la presentación en la Trastienda con una banda, pero después salimos a tocar sin batería, después sin bajo, después probé tocar solo, como que fue mutando la forma de tocar ese disco. Y me di cuenta que este formato era el más integral para tocarlo. Al tener imágenes y videos que lo complementan lo vuelve más conceptual. Los últimos meses de la gira terminé tocando solo con una mesa tipo  DJ, disparando cosas, mashapeando, y uno de los comentarios en las redes sociales fue “qué frío que estuviste, fue el peor show que te vi, yo te sigo desde Cuentos y siempre fuiste para afuera” y pensé que está bueno que pase esto, porque más allá de que no está aceptando el cambio algo cambió.

¿Hay algún otro show u obra en las que te hayas inspirado?

Un poco fue inspirado en un concierto bastante viejo de Placebo, en donde tienen una especial de tul adelante del escenario donde se proyectan cosas y la tela no se veía, nosotros usamos el mismo material. Después también tiene algo de Sigur Ros, que en sus primeros conciertos también tocaban sobre una tela con proyecciones, algo de Gorillaz, de Bjork. También me inspiré en artistas como Marina Abramovic. Jorge Luis Borges decía: “La copia es un placer y es un deber”, entonces como que hay un poco de plagio e inspiración en otras ramas del arte.

En cierta manera es una forma de priorizar la música por sobre la cara del artista.

Hay una frase de Oscar Wilde que dice: “Lo que importa es el arte y no el artista”. Que predomine el concepto de la canción y no tanto como era antiguamente con el caso de Axl Rose bailando con el pelo largo y las calzas. Creo que eso es un poco pacato y además tiene cierta chatura en un mundo tan complejo como el de hoy.

¿Y como te llevás con la inmediatez de las redes sociales y las distracciones durante un show?

Es una cosa que yo no termino de entender. Me cuesta y no creo que sea para bien, es decir, qué importa, que le suma a una canción un posteo, no lo entiendo. Todo tiene que causar interés y todo dura poco, la sociedad está tan desentusiasmada con su fuckin celular, pasando su timeline, tan aburridos que hay que generar algo que les llame la atención. No es una visión retrógrada, más bien existencialista y naturalista.

Al fin y al cabo son herramientas, como un programa o la mac

Sí, pero por ejemplo lo veo en los pibes jóvenes. Son muy capos con los sistemas de audio y el Ableton, pero ya no componen. Bajan loops, samplean, arman todo a partir de lo que otro creó. Entonces lo único que queda es organizar lo que ya se hizo, y en eso algo se pierde. No es lo mismo agarrar una guitarra y hacer In Utero de Nirvana que agarrar una pista de batería y hacer un mash up. En ese sentido artístico no creo que haya retroceder, porque antes para grabar un demo te lo tenías que acordar y ahora lo podés grabar en tu casa, pero habría que replantearselo.

En una entrevista para otro medio dijiste que: “El mundo del artista es un encierro sofocante”.  ¿Por qué?

Porque no hay nada peor que la libertad mezclada con la competencia de uno mismo. Uno compite con las cosas que hizo y que quiere hacer. Y en esa puja llega un momento donde uno se come el personaje, me pasa con Radiohead por ejemplo. Llegaron un momento en el que dejaron de ser espontáneos para ser Radiohead, algo se perdió. Salvando las diferencias, no me estoy comparando con ellos pero creo que estamos en la misma isla. No estoy en el mundo de Despacito o de Chano. Y además en el sentido de que yo no escribo sobre otros, no escribo una historia o una fábula, escribo sobre cosas mías que se revelan a la hora de hacer una canción. Por ejemplo, Felicidad es una canción que yo escribí cuando Gabriel Ruiz Díaz tuvo el accidente con el auto, entonces cada vez que toco esa canción tengo que revivir ese sentimiento.

¿Te frustra trabarte en el proceso de composición?

Sí, totalmente. Es una contradicción porque es el peor momento pero a la vez el más hermoso. Cuando estás trabado y no entendes si sos John Lennon o un tarado y de repente sale la canción, uno siente cierto confort. Pero en realidad no es que me guste hacer lo que hago. No lo hago por gusto. Una vez leía en Carlos Castaneda que el indio, de Las enseñanzas de Don Juan, le dice: “Vos profesás el silencio pero no parás de hablar” y Castaneda le responde: “Muchas veces uno hace lo que le sale bien, no lo que quiere hacer”.  En mi caso, con la música, por la que dejé todo, no estoy seguro de si en realidad es lo que me gusta hacer, es lo que me sale hacer, es lo que hago mejor que otras cosas.

¿Y cuanto tiempo llegaste a estar trabado con una sola canción?

Muchísimo tiempo. Me acuerdo que cuando hicimos el demo de Y lo que quiero, que lo grabamos en una sala que teníamos, sonó de puta madre. Y después cuando tuvimos que grabarlo con EMI, nos dieron dos días para grabar todas las pistas de la batería. El primer día estuve grabando un solo tema, que fue Y lo que quiero, y no salía, no como había sido en el demo. Y con Fernando Ruiz Díaz nos peleabamos: “No que toca la guitarra, no que no la toques”. Y lo terminé grabando solo, sin música. Y esas cosas pasan y son muy frustrantes. Como cuando te sale una melodía y te pensás que te la vas a acordar y no la escribís, o no la grabás, y después te la olvidás. Eso pasa mucho también, y es un momento muy malo.

¿Te resulta parecido el proceso de composición de una canción con el de la escritura literaria?

Yo creo que es lo mismo. Muchas veces me pasó de estar completamente borracho y escribir cosas que al otro día las leo y digo “uh, no puedo creer al lugar que llegué”, que quizás no lo podría haber hecho si lo mecanizaba o lo pensaba. Me pasa lo mismo con las canciones, a veces me digo “no voy hacer una canción en Re o en La”, y ahí es cuando  empieza la culpa del músico, de pensar “esto ya está re hecho”. Y de repente, quizá en un estado anímico emocional haces una canción re básica de cuatro acordes, Re – La – Mi – Lam,  y sin embargo sigue siendo una canción tan emocional como lo fue hace veinte años, entonces uno lucha con eso también.

¿Y cómo te sentiste en tus incursiones por el mundo del periodismo?

Me acuerdo que cuando me fui de Catupecu, Fernando me pregunta: “¿Qué vas a hacer ahora?” y yo le dije: “Me voy a dedicar a escribir”, que siempre tuve esa inquietud. No vengo de una familia literaria ni intelectual, sino que fue algo que fue creciendo dentro mio desde chico. Entonces mi deseo de escribir siempre primó ante todo. Creo que hago música para poder escribir. Hacer una entrevista o una nota siempre fueron cosas que me gustaron hacer, no me siento un periodista, pero sí creo que me considero más un escritor que un músico.

¿Y cómo te sentís con que te editen lo que escribís?

Terrible. No me pasó en las cosas que he escrito literariamente hablando, pero si me pasa en las entrevistas que quizás no vas a poner tal cual las cosas que te dije, y vas a arreglar alguna palabra o algún verbo si lo dije mal, y eso me parece una cagada. Lo entendí cuando pasé junto a Ernesto Sábato los últimos años de su vida. “No quiero que me editen” decía, por eso no hacía notas que no sean al aire.

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