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Detrás del lente de Cecilia Salas: “Miro la vida en fotos”

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Cecilia Salas compró su primera cámara de fotos a los 30 años, con lo que ganaba como nutricionista. El escenario de su primer rollo fue el Parque Rivadavia, dónde vendía casettes los fines de semana. Después de varios cursos y de empezar a acreditarse tímidamente en shows y conferencias de prensa, conoció a Nora Lezano, quién tiempo después la nombró su asistente: “Yo trabajaba como encargada de un comedor industrial y me escapaba para acompañarla a las sesiones que tenía para el Suplemento NO de Página/12, donde soy fotógrafa desde hace más de una década”.

Lo que comenzó como un hobby pronto se transformó en una pasión, y en su medio de vida. Trabajó en la revista Soy Rock, en Playboy y los sitios web de las radios Rock & Pop, Metro 95.1 y Blue 100.7. Hoy es también editora fotográfica de Silencio, sitio web de música y cultura joven. “Más allá de ser mi profesión, sacar fotos es mi manera de expresarme. No quiero que sea sólo un registro de algo qué pasó, sino que el otro se emocione de alguna manera”, asegura sobre su mirada detrás del lente.

En una entrevista que diste hace un tiempo dijiste: “En vivo, lo importante es saber mirar”. ¿Creés que se aprende a mirar?

Sí, totalmente. Puede ser innato o lo podés aprender. Se aprende mucho en la práctica, pero también leyendo libros y material de otros fotógrafos, viendo muchas fotos. Analizar cómo son los encuadres y, principalmente, saber mirar la luz, porque la fotografía es eso. Yo miro la vida en fotos. Hoy muchos quieren ser fotógrafos sólo por una cuestión de pertenencia, de querer estar cerca de una banda y entonces hacen pequeños cursos de “fotografía de rock”, dónde no le dan tanta importancia a la técnica y tampoco les enseñan a trabajar en equipo, a respetar al colega.

¿Cómo es el clima entre compañeros a la hora  de trabajar en un recital o en la cobertura de un festival?

El pit donde estamos a veces es una batalla campal. Quizás es porque antes éramos menos, ahora hay muchos más medios y es más complicado. Alguno levanta el celular, otro usa el flash cuando no se puede. No hay cuidado con el otro, porque nadie se los explicó o porque no les importa. No se trata de respetar al otro por su trayectoria, sino porque es un colega.

¿Cómo es el vínculo de los fotógrafos con los productores de estos eventos?

En general no nos tienen muy en cuenta. Si para ellos es importante que después se publiquen buenas fotos, deberían considerar un poco más nuestro trabajo. Hay una productora que muchas veces nos mandó al público, o nos ponen en un lugar muy chico y somos demasiados. Desde ARGRA (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina) no lograron aún poder hacer algo como por ejemplo en el fútbol, dónde los fotógrafos están más protegidos, porque estas son empresas privadas. No hay cuidado, es un caos. Son pocos temas los que suelen dejarnos fotografíar y si laburamos en estas condiciones, es difícil. Rogamos que salga una buena foto.

Con respecto al “sólo fotos de los primeros tres temas”, ¿Alguna vez esta presión hizo que te fueras sin ninguna foto para publicar?

Sí, con Oasis cuando vino en 2006. Fue la única vez que no tuve una foto. Era en el campo de Polo y el escenario era demasiado alto. Nos dividieron en tres grupos, yo iba a sacar para la revista Soy Rock y quedé en la tercera tanda. En los temas que me tocaron, Liam, que estaba más adelante, no cantaba, así que dejó el escenario. Tenía que cantar Noel, pero estaba tan atrás que no lo veía, así que no pude hacer nada. Por suerte Beto Landoni, un colega, pudo sacar y la revista se las pagó a él.

¿Qué buscás en la cobertura de un show o en las producciones de bandas y artistas?

Que la foto esté buena estéticamente y que encierre la esencia de los retratados y de su música. Antes los investigo un poco, los escucho. Cuando es posible, me gusta ser parte de la entrevista, escucharlos, ver cómo me puedo relacionar con ellos y cómo los voy a fotografiar.

¿Qué artistas querés o hubieses querido fotografiar?

Me hubiera gustado sacarle a David Bowie, pero cuando vino la última vez yo recién empezaba a estudiar. Por otro lado, tengo pendiente a los Rolling Stones, que cuando vienen sólo acreditan a los grandes medios.

¿Se puede vivir de la fotografía?

Yo vivo de la fotografía pero es difícil, porque cada vez interesa menos el trabajo profesional del fotógrafo, sobre todo con tantas cámaras digitales y celulares a nuestro alcance. Cualquiera puede sacar una foto. Lo veo principalmente en eventos sociales, no tanto en medios por ahora. La calidad nunca va a ser la misma, no es lo mismo una foto de alguien que sabe mirar que la de quien no tiene idea, pero eso en general nos fue sacando bastante trabajo.

En 2014 algunos de sus trabajos fueron expuestos en “Lado A: Rock”, su primera muestra como fotógrafa. Planea hacer otra próximamente, pero esta vez podría ser una selección de “Una canción, una foto”, una sección libre que creó en su cuenta de Instagram, en la que a cada fotografía le encuentra una letra determinada: “La música me inspira. No puedo separarla de la fotografía. Hay canciones que me disparan una foto o veo una imagen y pienso en algún tema. Es siempre la música lo que me mueve”.

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Abril Sosa presenta CUBO en La Tangente

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Baterista de Catupecu Machu, líder de Cuentos Borgeanos y dueño de una carrera solista en ascenso, Abril Sosa no deja cabo suelto a la hora de poner todo su conocimiento al servicio de sus proyectos. El último de ellos es CUBO, una performance que busca conmover al espectador,  con las herramientas de las artes visuales y literarias, para darle a Canciones para que me crea, su último disco, el show que se merece.

La cita es hoy La Tangente y las entradas se pueden conseguir en Tickethoy o en la boletería de Honduras 5329.

En este último tiempo surgieron artistas como Louta o Militantes del Climax que se dieron cuenta que con el típico recital ya no llegaban a conmover al espectador y tuvieron que animarse a más. En tu caso, ¿qué fue lo que te inspiró a crear “CUBO”?

Me gusta esta idea de quiebre, de proponer algo diferente. Me apena quizá, que en su momento no fue difundido ni hicimos entrevistas , pero cuando nos separamos con Cuentos Borgeanos por primera vez, en 2010, yo hice un proyecto que se llamaba Ni palabra, que tenía que ver también con lo audiovisual y una propuesta estética. Lo pensamos durante muchísimo tiempo con Nehuen Wolf, artista plástico, y lo emprendimos  en una galería de arte. Creo que, como hicieron Louta o Militantes del Climax, hay que dar una vuelta de rosca. Siento que si ahora vas a tocar y nada más el público se pregunta “¿para qué?”. De hecho ya no se escuchan ni discos.  Aún así, no fue una  idea de “hagamos algo que comercialmente funcione mejor”, fue una inquietud de poder plasmar y mostrar ciertas caras de las canciones y la música a través de CUBO, donde literalmente estoy tocando adentro de un cubo de tres por tres con pantallas que van proyectando imágenes y cuentan una historia. El concierto está dividido en tres actos.

Como las tres partes del disco

Exacto. Y tiene unos textos en voz en off que relatan una historia que se desarrolla a través del show y las canciones.

¿Como desembocaron las presentaciones del disco en este formato?

Canciones para que me crea fue un disco muy raro para mí. Lo compuse totalmente solo. Creo que fue un proceso casi introspectivo y después cuando salí a tocarlo en vivo no sabía bien donde ubicarme. Hicimos la presentación en la Trastienda con una banda, pero después salimos a tocar sin batería, después sin bajo, después probé tocar solo, como que fue mutando la forma de tocar ese disco. Y me di cuenta que este formato era el más integral para tocarlo. Al tener imágenes y videos que lo complementan lo vuelve más conceptual. Los últimos meses de la gira terminé tocando solo con una mesa tipo  DJ, disparando cosas, mashapeando, y uno de los comentarios en las redes sociales fue “qué frío que estuviste, fue el peor show que te vi, yo te sigo desde Cuentos y siempre fuiste para afuera” y pensé que está bueno que pase esto, porque más allá de que no está aceptando el cambio algo cambió.

¿Hay algún otro show u obra en las que te hayas inspirado?

Un poco fue inspirado en un concierto bastante viejo de Placebo, en donde tienen una especial de tul adelante del escenario donde se proyectan cosas y la tela no se veía, nosotros usamos el mismo material. Después también tiene algo de Sigur Ros, que en sus primeros conciertos también tocaban sobre una tela con proyecciones, algo de Gorillaz, de Bjork. También me inspiré en artistas como Marina Abramovic. Jorge Luis Borges decía: “La copia es un placer y es un deber”, entonces como que hay un poco de plagio e inspiración en otras ramas del arte.

En cierta manera es una forma de priorizar la música por sobre la cara del artista.

Hay una frase de Oscar Wilde que dice: “Lo que importa es el arte y no el artista”. Que predomine el concepto de la canción y no tanto como era antiguamente con el caso de Axl Rose bailando con el pelo largo y las calzas. Creo que eso es un poco pacato y además tiene cierta chatura en un mundo tan complejo como el de hoy.

¿Y como te llevás con la inmediatez de las redes sociales y las distracciones durante un show?

Es una cosa que yo no termino de entender. Me cuesta y no creo que sea para bien, es decir, qué importa, que le suma a una canción un posteo, no lo entiendo. Todo tiene que causar interés y todo dura poco, la sociedad está tan desentusiasmada con su fuckin celular, pasando su timeline, tan aburridos que hay que generar algo que les llame la atención. No es una visión retrógrada, más bien existencialista y naturalista.

Al fin y al cabo son herramientas, como un programa o la mac

Sí, pero por ejemplo lo veo en los pibes jóvenes. Son muy capos con los sistemas de audio y el Ableton, pero ya no componen. Bajan loops, samplean, arman todo a partir de lo que otro creó. Entonces lo único que queda es organizar lo que ya se hizo, y en eso algo se pierde. No es lo mismo agarrar una guitarra y hacer In Utero de Nirvana que agarrar una pista de batería y hacer un mash up. En ese sentido artístico no creo que haya retroceder, porque antes para grabar un demo te lo tenías que acordar y ahora lo podés grabar en tu casa, pero habría que replantearselo.

En una entrevista para otro medio dijiste que: “El mundo del artista es un encierro sofocante”.  ¿Por qué?

Porque no hay nada peor que la libertad mezclada con la competencia de uno mismo. Uno compite con las cosas que hizo y que quiere hacer. Y en esa puja llega un momento donde uno se come el personaje, me pasa con Radiohead por ejemplo. Llegaron un momento en el que dejaron de ser espontáneos para ser Radiohead, algo se perdió. Salvando las diferencias, no me estoy comparando con ellos pero creo que estamos en la misma isla. No estoy en el mundo de Despacito o de Chano. Y además en el sentido de que yo no escribo sobre otros, no escribo una historia o una fábula, escribo sobre cosas mías que se revelan a la hora de hacer una canción. Por ejemplo, Felicidad es una canción que yo escribí cuando Gabriel Ruiz Díaz tuvo el accidente con el auto, entonces cada vez que toco esa canción tengo que revivir ese sentimiento.

¿Te frustra trabarte en el proceso de composición?

Sí, totalmente. Es una contradicción porque es el peor momento pero a la vez el más hermoso. Cuando estás trabado y no entendes si sos John Lennon o un tarado y de repente sale la canción, uno siente cierto confort. Pero en realidad no es que me guste hacer lo que hago. No lo hago por gusto. Una vez leía en Carlos Castaneda que el indio, de Las enseñanzas de Don Juan, le dice: “Vos profesás el silencio pero no parás de hablar” y Castaneda le responde: “Muchas veces uno hace lo que le sale bien, no lo que quiere hacer”.  En mi caso, con la música, por la que dejé todo, no estoy seguro de si en realidad es lo que me gusta hacer, es lo que me sale hacer, es lo que hago mejor que otras cosas.

¿Y cuanto tiempo llegaste a estar trabado con una sola canción?

Muchísimo tiempo. Me acuerdo que cuando hicimos el demo de Y lo que quiero, que lo grabamos en una sala que teníamos, sonó de puta madre. Y después cuando tuvimos que grabarlo con EMI, nos dieron dos días para grabar todas las pistas de la batería. El primer día estuve grabando un solo tema, que fue Y lo que quiero, y no salía, no como había sido en el demo. Y con Fernando Ruiz Díaz nos peleabamos: “No que toca la guitarra, no que no la toques”. Y lo terminé grabando solo, sin música. Y esas cosas pasan y son muy frustrantes. Como cuando te sale una melodía y te pensás que te la vas a acordar y no la escribís, o no la grabás, y después te la olvidás. Eso pasa mucho también, y es un momento muy malo.

¿Te resulta parecido el proceso de composición de una canción con el de la escritura literaria?

Yo creo que es lo mismo. Muchas veces me pasó de estar completamente borracho y escribir cosas que al otro día las leo y digo “uh, no puedo creer al lugar que llegué”, que quizás no lo podría haber hecho si lo mecanizaba o lo pensaba. Me pasa lo mismo con las canciones, a veces me digo “no voy hacer una canción en Re o en La”, y ahí es cuando  empieza la culpa del músico, de pensar “esto ya está re hecho”. Y de repente, quizá en un estado anímico emocional haces una canción re básica de cuatro acordes, Re – La – Mi – Lam,  y sin embargo sigue siendo una canción tan emocional como lo fue hace veinte años, entonces uno lucha con eso también.

¿Y cómo te sentiste en tus incursiones por el mundo del periodismo?

Me acuerdo que cuando me fui de Catupecu, Fernando me pregunta: “¿Qué vas a hacer ahora?” y yo le dije: “Me voy a dedicar a escribir”, que siempre tuve esa inquietud. No vengo de una familia literaria ni intelectual, sino que fue algo que fue creciendo dentro mio desde chico. Entonces mi deseo de escribir siempre primó ante todo. Creo que hago música para poder escribir. Hacer una entrevista o una nota siempre fueron cosas que me gustaron hacer, no me siento un periodista, pero sí creo que me considero más un escritor que un músico.

¿Y cómo te sentís con que te editen lo que escribís?

Terrible. No me pasó en las cosas que he escrito literariamente hablando, pero si me pasa en las entrevistas que quizás no vas a poner tal cual las cosas que te dije, y vas a arreglar alguna palabra o algún verbo si lo dije mal, y eso me parece una cagada. Lo entendí cuando pasé junto a Ernesto Sábato los últimos años de su vida. “No quiero que me editen” decía, por eso no hacía notas que no sean al aire.

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Historias porteñas: el portero de Niceto Club

La noche hecha persona.

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Foto: Edgardo Kevorkian

Desde hace quince años, Claudio Gulliver es el encargado de recibir al público que semana a semana ingresa con sus tickets a presenciar las fiestas y los shows que ofrece el icónico lugar de Niceto Vega al 5507. Grandes artistas han pasado por sus tablas.

“Me parece que es un poco careta hablar de uno mismo aunque me reconforta, así que no debe de serlo”, desliza Claudio Gulliver, portero de Niceto Club, en un bar a pocas cuadras de su trabajo, mientras apoya un cocktail con poco hielo y vestigios de hibiscus, una rosa proveniente de Jamaica.

Desde su inauguración en 1998, este espacio de la noche porteña se ha caracterizado por reunir a públicos heterogéneos en sus diversos espectáculos, que van desde recitales, shows de stand up, discotecas y fiestas. “Nos falta hacer una exhibición de caniches y estamos listos”, agrega Gulliver, que nació sobre el final de la década del cincuenta a pocas cuadras del Obelisco.

“Una vez hicimos Marionetas del Pene, era un show de stand up con tipos que tenían el miembro de medio metro, y hacían nudos y formas. Era un formato que venía de Australia”, recuerda Gulliver. Viniendo desde otra persona uno dudaría en catalogar estas historias como verídicas, pero el anfitrión de Niceto se expresa con una naturalidad que no parecería estar guionada.

Gulliver fue uno de los primeros artistas plásticos en exponer sus obras en el Parakultural, la usina artística fundada en los primeros años posteriores de la última dictadura cívico militar. También trabajó en Cemento, el semillero del rock de los noventa, y ahora, desde hace 15 años es la primera persona encargada de recibir al variable público de Niceto, aunque reconoce que cronológicamente el trabajo de noche se cuenta de otra manera.

“Tengo un trato con el dueño, puedo escuchar el recital pero si lo miro me descuenta”, bromea. Gulliver que debe permanecer en la puerta hasta que hayan ingresado todos los espectadores, aunque muchas veces si el artista de turno le interesa, entra y escucha algunas canciones o saca fotos.

Imagino que a lo largo de esta década y media has visto infinidad de personas que entran y salen de Niceto, ¿Cuál fue el público que más te llamó la atención?

Tendría que anotarlo, porque debo tener más de 2 mil recitales. Lo que si te puedo decir es que he desarrollado teorías totalmente absurdas. En vez de hacer una review del recital por la banda, suelo hacer un review por el público. Por ejemplo hoy que toca Lisandro Aristimuño, en vez de decir “Aristimuño tocó muy bien”, cuando termine el show voy a decir: “vino muy educada, algunos tenían ropa de autor, otros ropa poética y no se desmayó nadie”.

Dijiste que calculas que has estado más o menos en 2 mil recitales ¿Qué bandas has visto y cuáles te han llamado la atención?

Me gusta mucho el último disco de Morbo y Mambo, los he visto tocar flotando a 20 centímetros del suelo, tienen una energía increíble. También tengo un cariño especial por Lo´ Pibitos. La otra vez en un show de ellos terminé arriba del escenario. Me gustan mucho todos los grupos que se formaron alrededor de los integrantes de Onda Vaga, Los Espíritus, Shaman, El Mató a un Policía Motorizado. Pero una de las pocas veces que lloré fue con los solos de Ariel Minimal en Pez.

A pocos metros de su trabajo, Gulliver recibe saludos de todo el que pasa, es una especie de superhéroe de la calle Niceto. A los 60 años no ha perdido la curiosidad musical y habla con la misma efusividad para referirse a la música de King Crimson como a la de Los Campos Magnéticos, la banda argentina que reinterpreta las canciones de The Magnetic Fields.

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La persona bajo la pollera, la historia de Aaron

La historia de un chico trans que plantó un paradigma en el sistema educativo

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fotos: Jordy Cannella

El 13 de marzo pasado, Aaron llegó a su casa después de su primer día de colegio del 2017. Rápidamente tuvo la necesidad de expresarse en sus redes sociales, donde muchas personas en su misma situación lo siguen, y contar que ese lunes no solo fue el primero como estudiante de cuarto año, sino que también fue su primer día con uniforme de varón. Con el apoyo de su familia y luego de tratarse con el Dr. Adrián Helien, impulsor de la ley de identidad de género, Aaron hizo un pedido urgente autoridades del colegio para dejar de usar una pollera. Así él supo hacer entender lo dañino que puede ser utilizar un uniforme reglamentario para una persona transexual.

Ya desde los cuatro años sentías que no encajabas en lo que eras ¿Cómo fue emprender el cambio?

Cuando empecé el jardín veía como se marcaba la diferencia de “por un lado las chicas y por otro los chicos”. A principios del año pasado ya no aguantaba más, sentía que estaba viviendo una mentira y era agotador para mí tener que presentarme con un nombre y un género que no me identificaban. Cuando me corté el pelo fue como “quiere tener la apariencia física de un chico”, y también empecé a comprar ropa masculina. Para el nombre, busqué en internet nombres de hombre y me hice una lista de los que más me gustaban. Me paré frente al espejo, me los empecé a repetir para ver cual me identificaba más y me quedé con Aaron.

¿Cuál fue la primera persona con la que hablaste?

Fue una amiga que conocí por internet. Se lo dije a ella porque al estar tan lejos, si yo veía su rechazo sabía cómo podrían llegar a reaccionar las personas con las que estoy todos los días.

¿En algún momento te sentiste rechazado por tu entorno?

Si, tanto con mis amigos y con gente que vi una sola vez en mi vida. Al principio fue una tristeza horrible, salía a la calle y me gritaban de todo. También lo sentí en las redes sociales. Lo que más me duele fue el rechazo de la gente que quiero.

Tenés una vida muy activa en las redes sociales ¿Cómo te relacionas con gente que está en tu misma situación?

Me escriben mails tanto chicos como chicas trans y también familiares de esas personas. Soy de responderle e intentar darle consejos, decirles que no se rindan y peleen por lo que sienten. Yo lo hice, mucha gente lo hizo y lo siguen haciendo hoy en día. Busco que se sientan acompañados y que sepan que no son los únicos a los que les pasa.

¿Qué significaba tener que usar una pollera?

Era muy feo. No me identificaba para nada y sentía mucha vergüenza. Los días que podía usar el pantalón de gimnasia yo lo súper aprovechaba. Usar la pollera era como mentir más y encerrarme en un casillero donde no entraba, era horrible para mí lo sufrí mucho desde la primaria.

¿Cómo fue el último día que la usaste?

Fue feo como todos. Pero cuando empecé a usar el pantalón de gimnasia fue una liberación para mí. Todos me preguntaban por qué lo usaba y yo decía que me parecía más cómodo.

¿Cómo fue el momento que decidiste hablarlo con un docente?

Elegí a mi profesora de geografía, que también nos da clases de construcción ciudadana. En el medio de una clase ella escuchó un comentario sobre la adolescencia, entonces la paró y nos preguntó cómo nos sentíamos en esta etapa. Yo me acerqué, le dije que necesitaba hablar con ella y empecé a contarle, sabía que de parte de ella no iba a sentir rechazo porque veía mucha de las cosas que nos pasaban. Me senté frente a ella, me tapé la cara y me puse a llorar. Fue un momento fuerte porque era una de las primeras personas a las que se lo decía. Profe, yo no me siento una mujer, no soy una chica, me siento un chico y soy trans”, ahí me quebré y ella puso su mano en mi hombro y me trató de calmar, eso me alivió más.

¿Ya lo habías hablado con tu familia?

Si, hacía un mes de ese día. La primera persona con la que lo hablé de mi familia fue una de mis hermanas, ella lo venía venir hace rato y ya lo sabía pero quería que yo se lo diga. Cuando se lo dije a mi mamá, estábamos tomando un café en capital y empezamos a discutir porque no me gustaba mi cuerpo. Ella me dijo entonces “Lo que pasa es que vos querés ser algo que no sos”, eso me dolió muchísimo y ahí le dije todo lo que sentía. Ella lo aceptó, pero no del todo. Yo la entiendo porque una cosa es verlo desde afuera y otra cosa es vivirlo. Mis papás tardaron en asimilarlo pero hoy en día lo aceptan y me acompañan en todo.

¿Cómo viviste la elección de cosas como a que baño ir o con que grupo hacer deportes?

Todavía lo sigo pensando. Por ahora estoy haciendo deporte con las chicas, porque con los varones no tengo buena relación, tuve comentarios muy malos de parte de ellos. Es raro hacer la clase con las chicas porque no soy una de ellas, seguramente el año que viene o en algunos meses cambie de grupo. Todo eso empezó en la secundaria. Me decían de forma despectiva que era una lesbiana o cosas así. Cuando hice el cambio recibí apoyo en las redes sociales, y muchos querían hacerse amigos míos, después de haberme insultado, solo para tener un par de seguidores más o likes en sus fotos. Con respecto a cosas como el baño, no entro a ninguno porque siento que voy a poner incómodos al resto. La directora del colegio me dijo hace poco: “Vos estás respetando a los demás, pero ellos no a vos”.

Hoy fue mi primer día de clases, suena normal para otros pero el mío fue diferente. Hoy usé por primera vez el uniforme masculino el cual siento que marcará un antes y después tanto en mi vida como en la institución. En mi vida porque aumenta mi seguridad y me hace sentir más feliz, en la institución porque soy la primera persona trans y seguramente si el día de mañana otre alumne trans se inscribe allí todo estará más normalizado así que me alegra saber que puedo ayudar y cambiar un poco las cosas para bien. Si es que se lo están preguntando ¿te han hecho comentarios otres alumnes? Sí, por suerte la mayoría fueron positivos y no quiero marcar lo negativo de este día en un post tan importante para mí como lo es este. Mi felicidad es inmensa y tengo que agradecer de tener a mis padres ya que día a día me acompañan con absolutamente todo como lo hacen mis tres hermanos, también agradezco al personal de mi institución como preceptoras, profesores y directores por no dejar esto pasar, por ser abiertos de mente, comprensivos y sobre todo por acompañarme a mí, mi família y grupo de compañeros. Sólo quiero decir gracias por esto, soy realmente feliz. #DerechoaSer #Lgbt #Trans

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Pero tenés necesidades fisiológicas más allá de la comodidad del resto…

Si, una vez me pasó y pedí la llave del baño de profesores. Los directivos me dijeron que tenía que haber igualdad entre todos pero hoy en día sigo sin entrar a ninguno.

¿Y si tuvieras que hacer un balance de todo este cambio con el colegio?

Lo sufrí mucho. Para mi sigue siendo una lucha. Me sigo encontrando con estas personas en los pasillos y siguen teniendo comentarios pero trato de hacer oídos sordos. Las autoridades me dicen que cuando pase algo así me acerque y se los diga.

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