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Arctic Monkeys: Tranquility base hotel and casino

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Crecer, es un miedo que todos tienen pero que tarde o temprano hay que enfrentarlo. A veces soltar es difícil, pero cuando un artista o una banda logra superar etapas el resultado permite ver su obra bajo otra perspectiva, y cuando esa banda son los Arctic Monkeys, los efectos se duplican.

La primera frase de Tranquility base hotel and casino marca cierta intención. “Yo quería ser uno de los Strokes, mirá el desastre que me hiciste hacer, ahora hago dedo con mi portafolio”. Casi a juego con el estilo que marcó las primeras fotos de este trabajo con Turner vestido como conductor de taxi de la década de los ‘50.

El sonido de este tema, Star Treatment, es tranquilo, completamente alejado de la imagen que los Monkeys estaban acostumbrados a marcar. Atrás quedaron las épocas de Whatever people say that I am, thats what I’m not. Despuntes de Bowie se pueden sentir a lo largo de todo el disco, pero en esta canción es dónde están más audibles. La voz de Turner se transforma en algo viejo, cansado, que canta con el mismo estilo que El duque blanco en Blackstar y The next day.

Le sigue One point perspective, que está atravesada por un piano en loop que se asemeja a la música de un carnaval. Acá es quizás el punto donde Turner hace más juegos con su voz. Los rulos mientras canta ‘Espera un segundo que perdí el tren del pensamiento’, es uno de los mejores momentos de la obra. La batería de Helders, para sorpresa de nadie, está completamente afilada marcando los ritmos de la banda como siempre, aunque en esta ocasión tanto él como O’Malley están en el fondo, sin sobresalir demasiado.

La transición a American sports es quizás la que más recuerda a AM. Es limpia y, si no prestás atención, se siente como si One point perspective hubiera entrado en una especie de “segundo arco”, ya que ambas canciones mantienen entre sí cierto lineamiento estético. Suena un clavicordio en loop que marca un sonido muy interesante y que se repetirá un poco en el tema siguiente Tranquility base hotel and casino

Como si Star treatment no dejase en claro las influencias de Bowie, tiene mucho del “beboteo” que popularizó el duque blanco, aunque su razón, más que estética, era que su voz ya estaba vieja. En esta ocasión los Arctic hacen un tema que es de lo más único.

Si Tranquility base era único en cómo está armado, Golden Trunks es único en el sentido que no se entiende que es lo que quiso hacer. La voz y las guitarras van en dos direcciones completamente opuestas. En cierto punto, recuerda a un grupo de amigos cantando borrachos en un karaoke o el disco de Captain beefhart, Trout mask replica.

No obstante el trabajo vuelve sobre sus rieles con Four out of five. El riff de guitarra en este tema es uno de los más centrados que tiene la obra. Se siente parte de la canción, y permite que funcione. El final es un crescendo con la frase que se repite todo el tiempo, que recuerda a los primeros trabajos de la banda de Turner pero sin caer en la nostalgia.

El piano vuelve a aparecer en The world’s first ever monster truck front flip, que tiene uno de los mejores nombres del disco y también es de las más reconocibles. El formato se asemeja a una balada romántica. Acá es uno de los puntos más Artic Monkeys del Tranquility, aires de Suck it and see. La voz y las guitarras se compenetran perfectamente con el piano, dando como resultado a un tema redondo.

She looks like fun es la última cancion para arriba. La frase se repite como estribillo acompañado de un mini riff que suena conocido pero nunca se termina de descifrar de dónde. Este es el principio del final, que está seguido de Batphone, otro tema que se siente como relleno y Ultracheese, una balada de piano que es una especie de adiós, un cierre perfecto para un disco que a pesar de sus varios problemas logra encontrar una identidad propia diferente de lo que estábamos acostumbrados a escuchar de esta banda.

Tranquility base hotel and casino es una obra más madura que sus antecesores. Claramente se ve que la banda de Sheffield cambió en estos cinco años que separan a este trabajo de AM. Las relaciones son otras y las personas detrás de la composición y los instrumentos son radicalmente diferentes a aquellos adolescentes que te invitaban a bailar con I bet that you look good on the dancefloor o Fake tales of San Francisco.

Este cambio ya se notaba en AM pero en esta ocasión, y por los años de silencio del grupo que parecía haber tomado caminos diferentes -Turner sacó un trabajo de The Last shadow puppets y Helders se sumó a Fertita y Homme de Queens of the stone age para el álbum Post pop depression de Iggy Pop.

Tranquility base hotel and casino es una obra que realmente los encuentra en un extraño momento personal y la realidad es que ellos logran aprovecharlo muy bien. Solo son algunos temas los que se sienten fuera de lugar, pero realmente sacan al oyente del estado que marcan las grandes canciones. Un disco con fallas pero que a pesar de todo marca un antes y un después en la historia de los Arctic Monkeys.

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Jack White – “Boarding House Reach”

En el ojo de la tormenta.

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En el relato bíblico del Diluvio Universal, perteneciente al libro del Génesis, Yahvé le ordena a Noé que construya un arca de madera de Gofer y le avisa que mandará un diluvio que acabará con la vida en la Tierra, puesto que la perversión humana había alcanzó sus límites y no tuvo más remedio que reiniciar la creación. Asimismo, también le ordena que suba al arca una pareja de cada especie animal para que, cuando bajen las aguas, puedan reproducirse y repoblar el basto territorio.

Pasaron tres años desde que Jack White publicó Lazaretto, su segundo álbum solista. Tres años en los que, entre otras cosas, el rock and roll dejó de ser el género más escuchado para cederle el trono al rap y al hip hopPara marzo del 2017, White se encerró en un pequeño departamento de Nashville, Tennessee, con un grabador de 4 pistas y un viejo y anticuado mixer para empezar a darle forma a lo que sería su tercer disco como solista, Boarding House Reach.

El disco, publicado bajo su sello personal, Third Man Records, es el arca de Noé del rock and roll. El ex White Stripes colocó un poco de blues, otro poco de jazz, algunos arreglos gospel, un riff con reminiscencias al rock podrido de Led Zeppelin, pasajes con ruidos extraños a lo Frank Zappa, beats y voces procesadas a lo Kraftwerk y unas notas de Jay Z para dar forma al último grito de un género gastado y golpeado por el paso de los años del que pareciera que ya nada podía salir a flote.

El disco abre con Conected by Love, la primera canción que salió del departamento de Tennessee y la primera en publicarse como single del disco. En esta apertura, el músico estadounidense se valió de un sintetizador, un órgano Hammond y coros salidos de una iglesia protestante para mezclar pasado y presente en un artista que quiere avanzar al futuro sin olvidarse de dónde proviene.

En Why Walk a Dog? se puede escuchar, por primera vez, la guitarra de White ensuciada por el Big Muff y en Corporation se plantea la idea de armar una corporación, porque “esa es la forma de conseguir adulación en estos días”. La ironía está en que no sólo ya la hizo, sino en que el cantante de The Raconteurs y The Dead Weather  se volvió una corporación en sí mismo.

Nacido en Detroit, Michigan, bajo el nombre de John Anthony Gillis, White es el menor de diez hermanos. A diferencia de los jóvenes de su edad que vivían en Detroit, fieles seguidores de la música electrónica y el hip hop, la cual no le causaba ninguna impresión, creció escuchando a Son House, The Mississippi Sheiks y Loretta Lynn. Sin embargo, a medida que fue creciendo, le adquirió el gusto al rap y otros géneros, hasta convertirse, salvando las distancias, en un David Bowie moderno, un muchacho de la clase media baja enraizado en la música afroamericana. Esto queda en evidencia en canciones como Hypermisophoniac o  Ice Station Zebra, un rap cantado sobre una base jazz funk al mejor estilo Prince.

Everything You’ve Ever Learned comienza con la voz computarizada de White que se va apagando para dar paso a una voz de protesta salida de un megáfono sobre ritmos tribales, en donde el cantante plantea una serie de interrogantes a un alocutario y se responde solo, como “¿ querés todo?, entonces puedes tenerlo todo” o “¿querés verlo todo?, es sólo cuestión de abrir bien los ojos” para después desatar la furia punk dentro de él.

Get in the Mind Shaft es una de las composiciones más experimentales del disco. Con fuertes reminiscencias al krautrock alemán, White se mezcla entre voces sampleadas y sintetizadores para dar rienda suelta a una de las canciones más rebuscadas de la placa. Para terminar, el músico de Detroit nos remarca que “lo que está hecho, está hecho”, y se despide, al final de Humoresque, con una orquesta jazzera apagada y azul.

Como Noé antes del diluvio, o como la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, el ex White Stripes comprendió que se acercaba el final y se puso a trabajar en el arca de la salvación de un género que se extingue lentamente. Así, White logró el disco más ecléctico y experimental de su carrera que, si no lo salva, contiene todo lo necesario para que algún día pueda llegar a resurgir.

 

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