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CINE Y TELEVISIÓN

Perdida de Alejandro Montiel

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Foto: Cortesía Buena Vista

Pérdida, tarde o temprano, en mayor o menor medida, todo el mundo se la encuentra. Todos tienen diferentes maneras de lidiar y a veces tardan años, incluso décadas para que cierren y cicatricen las viejas heridas. De esto trata Perdida, la nueva película de Alejandro Montiel, uno de los guionistas de Abzurdah que vuelve a sentarse en la silla del director luego de cinco años.

Cinco chicas muy amigas viajan a La Patagonia en un proyecto escolar. Durante la noche, una de ellas, Cornelia, se pierde y la investigación policial llega a un alto luego de que las cenizas de un volcán cercano inunden la periferia de donde se encontraban.

Luego de un salto temporal de 16 años nos encontramos con Manuela (Luisana Lopilato), la mejor amiga de la chica desaparecida, quien se hizo policía y ahora es detective en la sección de trata de personas. En el aniversario de la desaparición de su amiga, un obituario extraño en el diario y la insistencia de la madre de Cornelia que nunca perdió la esperanza de encontrarla, se encontrará con un caso que quizás no estaba tan cerrado como todos creían.

La trama del film no se aleja para nada de una plot convencional de policías. Los personajes, a esta altura un poco gastados, son clichés. La policía con un pasado complejo y que no juega por las reglas, su compañero con el que hay cierta tensión sexual y el jefe del recinto quien la adoptó bajo su ala y es una figura paterna. La historia sigue un patrón de intrigas lleno de plot twists que realmente está bien construidos pero que no se sienten tan sopresivos como el la película quiere creer. La vuelta atrás en el tiempo mediante flashbacks de esa noche sirve como un recurso muy bien llevado a cabo y que demuestra cierta proeza del guión que, si bien tiene algunas fallas menores, permite a la película hacerse entretenida.

Con las actuaciones sucede lo mismo. Si bien no están mal, con una grosera excepción de un papel secundario menor que un poco saca de clima al espectador, tampoco brillan. Quizás quienes más pulidos se sienten es la española Amaia Salamanca, quien tiene el personaje más profundo del film y realmente lo hace resaltar.

La fotografía del film es bastante buena y logra transmitir esa sensación de opresión que intentan traer las historias de ese estilo. La luz tenue y apagada, que juega con el azul y blanco de la nieve, genera un sentimiento de depresión que tiñe a la película y que, debido a la trama sombría y al poco respiro que le da a sus personajes, a veces extiende su estadía un poco, de manera cansadora.

La realidad es que Perdida no es una mala película pero tampoco es una buena película. Es un film entretenido y sencillo que no le exige mucho al espectador. Si bien sus personajes y su trama son clichés, funcionan bastante bien. Tiene fallas e inconsistencias, como todas las películas, pero eso no la hace mejor ni peor. Una película que, si no hay nada para ver, realmente es una opción más que interesante.

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