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La vuelta de un gigante del rock nacional

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En diciembre volverá el BAROCK, primer megafestival argentino de rock, pero la fiesta comenzará mañana con un acusticazo en el Gran Rex. Diego Ripoll, creador del festival, junto a Alejandro Medina (Manal) y Ciro Fogliatta (Los Gatos) rememoran esas épocas en las que todavía no estaba todo inventado y cuentan sobre como será la tan ansiada vuelta. 

Como si se tratara del Woodstock —primer megafestival del rock mundial— local, el BAROCK irrumpió en la Argentina en 1970. Como un nuevo espacio de expresión para los jóvenes, fue organizado por Daniel Ripoll y, a lo largo de sus cuatro ediciones, creció junto con las primeras bandas como Los Gatos, Manal y Vox Dei. A 50 años del nacimiento del género, el festival vuelve para unir las raíces con las nuevas generaciones.

En 1967, Los Gatos lograron imponerse en la cultura popular con su canción La Balsa. Con este tema, el grupo liderado por Litto Nebbia fue uno de los precursores del rock nacional, que había sido poco desarrollado años décadas anteriores con Sandro, El Club del Clan, y Eddie Pequenino, entre otros. Tres años después el periodista Daniel Ripoll fundó la revista de música rock Pelo, que marcó un antes y después en la difusión del género. Con antecedentes como el Festival Nacional de Música Beat y Festival Pin Up, Ripoll organizó ese mismo año el primer BAROCK, originalmente Festival de la Música Progresiva de Buenos Aires.

Más de 30000 personas estuvieron presentes en esa primera edición del primer megafestival nacional, que contó con la participación de Los Gatos, Manal, Almendra, Vox Dei y Moris, entre tantas otras bandas y artistas más repartidos en los cinco fines de semana en noviembre en el Velódromo de Palermo. Un espacio de libertad para un país que vivía una dictadura encabezada por el General Onganía nació en ese momento.

El festival pasó a formar a una parte muy importante de la historia del rock argentino”, comenta Ciro Fogliatta ex integrante de Los Gatos. “En el ranking de festivales es pionero como lo fueron en Estados Unidos el Monterrey Pop o Woostock”, agrega.

El BAROCK tuvo su segunda edición un año después que fue encabezada por Nebbia —Los Gatos se habían separado para ese entonces así como Almendra y Manal—, Alma y Vida, Arcoiris, y los ingleses Spirit of John Morgan.

Flyer del BAROCK 2

De Manal para acá el BAROCK fundó un espacio para todos, Pappo, Litto Nebbia, Almendra, La Pesada, Vox Dei, León Gieco, todos los que hoy somos viejos pasamos por ahí”, recuerda Alejandro Medina de Manal.No sé si todos los viejos podríamos volver al festival”, bromea.

En 1973, se estrenó el documental “Rock hasta que se ponga el sol” sobre el género nacional. El film contó con la grabación en vivo de las participaciones de Gieco, Spinetta, Pappo y unos principiantes Sui Géneris, entre otros, durante la tercera edición del festival el año anterior. Debido al agitado clima político y tensión social que vivía el país, la cuarta edición tuvo lugar recién en 1982, sobre el final de la última dictadura cívico militar. Entre los más destacados artistas estuvieron Gieco, Raúl Porchetto, Spinetta Jade, Litto Nebbia, Pedro y Pablo, Héctor Starc, David Lebon, Piero, Riff, Cantilo & Punch, Tantor, Rubén Rada, Los Abuelos de la Nada, Zas, Alejandro Lerner, Orions, V8, y tantos otros que marcaron un recambio generacional. Después de esa edición Ripoll asegura que en ese momento creyó que el festival “había cumplido un ciclo” y quenunca fue un negocio, sino una parte del movimiento”.

Desde 1982 hasta hoy en Argentina han surgido decenas de festivales de rock como Cosquín, Baradero, La Falda, Rock BA, Nuestro, y de talla internacional como Lollapalooza, Personal Fest, Maximus, y esto solo hablando de gran escala. Según Medina “Si no hubiera existido el BAROCK, no existiría nada”.

En diciembre del año pasado Ripoll anunció la vuelta del festival en una quinta edición. “Se acercó a mí un grupo productores jóvenes y me comentaron la idea. Vinieron en el momento indicado y acepté pero como curador”, cuenta el periodista. “Lo importante sería poder tener en la grilla a músicos de todas las épocas y sobretodo bandas de rock de las nuevas generaciones”, agrega Fogliatta.

Alejandro Medina dio un show durante la presentación de la nueva edición | Foto: BAROCK

Alejandro Medina dio un show durante la presentación de la nueva edición | Foto: BAROCK

Como una suerte de sideshow, el festival ya tiene confirmado el Acusticazo en el teatro Gran Rex mañana, 8 de junio. Ese día tocarán León Gieco, Litto Nebbia, Salta la Banca y Catupecu Machu. “Antes no teníamos pasado y ahora hay una historia, en esta edición trato de conjugar esos valores con los nuevos” comenta Ripoll sobre la elección de los artistas.

“Va a ser especial ver a padres que irán a ver a los artistas de su juventud, tal vez acompañando a sus hijos a ver a sus bandas de ahora” cuenta Beto Grammatico, guitarrista de Salta la Banca. “Si bien somos una banda nueva, también ser un nexo entre las bandas con más trayectoria y los chicos más jóvenes que participaran”, comenta.

BAROCK 5 será en el estadio Malvinas Argentinas los días 7, 8, 14 y 15 de octubre. Además contará con una edición en Madrid el 10 de febrero del próximo año.

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El arte de improvisar

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En la diversidad cultural argentina hay dos géneros musicales basados en la improvisación poética con públicos muy distintos pero igual de fieles: el freestyle y la payada. La popularidad del primero ha ido ascenso en los últimos años y se ha instalado definitivamente con una gran presencia en redes sociales como YouTube, Instagram y Facebook, además de las masivas competencias en vivo. Los payadores, por su parte, arrastran una tradición desde el siglo pasado y mantienen su vigencia al día de hoy en festivales de folklore, los cuales son sumamente populares.

Los orígenes de estas disciplinas son completamente distintos, sin embargo, existen puntos de contacto. La métrica y la discusión dialéctica unen a estos dos estilos musicales de manera transversal. La payada, surgida en Latinoamérica a principios del siglo XIX, es considerada un arte poético musical en el que una persona, el payador, improvisa rimando acompañado de una guitarra. Cuando se “enfrenta” a otro payadorse denomina contrapunto y durante esa batalla los contrincantes su turnaran para enviar un ataque recitado y rimado para luego recibir una respuesta. En el Rap, surgido en Estados Unidos en la década del 60, sucede algo similar. Cuando dos raperos MC’s, tienen un enfrentamiento, se denomina “batalla de gallos”. Hay un ataque y una respuesta hasta que el jurado define un ganador.

Estas son las dos artes de improvisación por excelencia y ambas tienen amplia difusión en el país. “Hay algo común entre el payador y el rapero”, explica el payador de la Matanza, Ángel Barrera, y agrega: “los dos improvisamos. Tenemos formas distintas, ritmos, lenguaje, vestimenta, pero con un mismo fin de manifiesto: Expresar lo que pensamos y sentimos, repentinamente, cantando”.

Al momento del contrapunto o la batalla de gallos las diferencias entre las dos disciplinas vuelven a manifestarse. La argumentación en las batallas de rap suelen tener un tono más violento o elevado, no por esto menos desafiante que la de los artistas folklóricos. A pesar de la percepción que se pueda tener sobre la relación que tienen los contrincantes luego de batirse a duelo, los protagonistas explican que esto no genera ningún “resentimiento” entre los competidores.

“El enfrentamiento, el contrapunto, sucede en el plano de la ficción. Todo lo que se dice está contemplado por ese contexto. Son dos actores”, argumenta uno de los impulsores el movimiento internacional de improvisadores Juglares del Mundo, el payador Wilson Saliwonczyk, y agrega con cierto humor: “dos personas pueden tener problemas personales pero eso no tiene que ver con la payada. La payada sucede en el plano de lo simbólico”.

Matías Berner, conocido popularmente como Muphasa MC, uno de los organizadores de una de las competencias más importantes de freestyle en Buenos Aires, el Quinto Escalón, valida lo que dice el artista folklórico: “una vez que termina la batalla nos damos la mano y nos olvidamos de eso que nos dijimos. Es una competencia y ambos participantes quieren ganar”

Tanto los payadores como el raperos creen que este es un momento favorable para la difusión de sus respectivos géneros por distintas razones. Saliwonczyk  sostiene que la payada está en un momento histórico. “Con la llegada de los medios de comunicación masivos se aceleró esa transmisión de conocimientos. Esto provocó que se hiciera más popular el género. Ya no es necesario que haya un maestro enseñándole personalmente a su aprendiz a payar. Lo puede ver por internet”, señala el artista folklórico.

Asimismo, Muphasa coincide con su colega: “En últimos años entró mucha gente nueva que modificó lo que significaba popularmente ser rapero o rapear. Hay nuevamente MC’s grabando discos, haciendo videos, tratando de mejorar su métrica. Hay más demanda y por lo tanto mucho más material”.

Parte de este crecimiento paulatino que está atravesando el género más antiguo se debe a que lentamente algunas características arraigadas al pasado o sus orígenes se han ido modificando. “Aunque nos cuesta, nos atrevemos a utilizar nuevos términos provenientes de otros idiomas o del nuevo lenguaje reproducido por distintas clases sociales”, argumenta Barrera. Sin embargo, su par, Saliwonczyk, es mucho más crítico en este aspecto: “la payada debería aprender del hip-hop a actualizar su discurso. Cobrar esa frescura urbana que el rap tiene para hablar de la actualidad. Hay muchos nuevos payadores urbanos que cantan como si fueran rurales, y agrega: asimismo creo que el rap en Argentina debería, en algún momento, hacer una autocrítica en lo que respecta a su identidad. Sus muletillas y su lenguaje están demasiado minados por la cultura estadounidense”.

 

A pesar de estas aseveraciones, Muphasa disiente con ellos: “Hay mucha diferencia entre las dos disciplinas. Sus orígenes son distintos y los temas de los que hablan, también lo son”, y agrega con cierto cinismo: “No sé si puede uno aprender mucho del otro. Con que los payadores conozcan el rap y viceversa es suficiente”.

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Yellow Submarine, el psicodelico viaje animado de Sgt Pepper’s

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Casi una década antes de su explosión formal Los Beatles marcaron el inicio del movimiento psicodelico. El estilo musical innovador que empezó con Revolver se terminó de asentar algunos años después con la salida de Sgt. Pepper’s Lonely Hearth Club Band y se mantendría como estilo de la banda hasta su disolución.

En medio de esa vorágine colorida y bizarra nació Yellow Submarine, un film que a simple vista parece ser una película para promocionar un disco pero que terminaría transformándose en un pilar en la historia de la animación.

Esta no fue la primera experiencia de los “Fab Four” con el cine. Ellos venían de grabar Magical Mistery Tour en 1967, una película muy surreal que parecía salida de la imaginación de Dalí. Antes de eso habían hecho Help y A Hard Day Night, tres películas atacadas ferozmente  por la prensa.

El miedo a fracasar nuevamente en este mercado, además de la mala experiencia que habían tenido los músicos con los dibujos animados en la era de Help, hicieron que ellos se negaran en un principio a encarar este proyecto pero finalmente aceptarón reticentemente el contrato para esta película.

Que sea un film de Los Beatles no quiere decir que ellos tengan que actuar en el film, por lo que, al contrario de la creencia popular, sus voces fueron dobladas por Paul Angelis como Ringo, John Clive como John Lennon, Geoffrey Hughes como Paul McCartney y Peter Batten como George Harrison, aunque este último no apareció en los créditos.

La historia, si bien es simple, hace atravesar a “Los Cuatro de Liverpool” por situaciones bizarras para vencer a los Meanies, una raza de personas azules que odian a la música y la intentan hacer desaparecer de Pepperland.

El alcalde de ese país ficticio manda a Old Fred con el submarino amarillo a buscar ayuda. Fred encuentra a Ringo en medio de una lluviosa Londres y lo convence de acompañarlo en el viaje para salvar a la música junto a sus tres mejores amigos.

Para la época este film fue completamente disruptivo. Los dibujos animados usaban técnicas de animación más cerradas y con menos campo para generar esas imágenes coloridas y psicodélicas que marcarían el inicio de una nueva etapa en la historia del arte.

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La tapa que cambió todo

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Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band es un disco que marcó un antes y un después en la historia de la música. Tanto por su sonido como por su estética, el octavo álbum de The Beatles es reconocido como el padre de la psicodelia. Ideado como una obra conceptual, la música debía verse reflejada en el arte de tapa. Por lo que Paul McCartney, junto con los artistas Jann Haworth y Peter Blake, diseñaron una de las tapas más icónicas en la historia de la música.

Desde el boxeador Sonny Liston hasta el filósofo Karl Marx,  pasando por los escritores Oscar Wilde y Edgar Allan Poe, las divas Marlene Dietrich y Marilyn Monroe, el músico Bob Dylan, y otros personajes, la tapa significó un refugio para todos los políticos, filósofos, deportistas, humoristas y artistas que los cuatro gigantes de Liverpool consideraron sus influencias y referencias.

En un principio se le había encargado el diseño de la tapa a un grupo de artistas holandeses conocidos como The Fool. Al grupo holandés se le ocurrió una tapa que tenga remolinos naranja, verde y púrpura, pero fue descartada por Neil Aspinall, amigo de la infancia, road manager y asistente personal de los Beatles. “¿Qué estamos vendiendo un álbum de The Beatles o una cubierta central con un diseño de The Fool que ni siquiera esta listo? ¿No sería mejor tener una fotografía de los cuatro y pegarla dentro para que podamos ver quienes son ustedes?”, les había comentado su amigo de la infancia. Aún así, el diseño del grupo holandés fue incluido en la funda del álbum.

Descartado el primer diseño, el grupo, a través de EMI, contrató los servicios del propietario de la galería de arte de Londres, Robert Fraser, por 1500 libras para encargarse de la supervisión del diseño del álbum. Fraser recluta a los artistas Peter Blake y su esposa Jann Haworth, y a Michael Cooper, socio comercial de Fraser, como fotógrafo. McCartney, convencido de que Sgt. Pepper era una gran obra artística insistió que la portada debía ser digna de su contenido, por lo que le presentó el boceto original a Blake: “Paul me explico que el concepto principal era una banda como las que tocan en un parque. De modo que la foto de la portada debía ser una foto de ellos ataviados como una banda municipal, al final de su concierto en el parque, en un estrado, con un arriate de flores al lado rodeados por multitud de personas. Creo que mi aportación principal fue decidir que si disponíamos a la multitud de una forma determinada, las personas que la formaran podrían ser cualquiera”.

La imagen de tapa daba la impresión de un funeral y la idea de colocar a las celebridades  fue de Paul. Para ello, Fraser y Blake les enviaron al grupo una hoja de papel para que anoten a personajes populares de la historia. George Harrison quería gurús, Ringo Starr estuvo de acuerdo con lo que dijeran los otros, John Lennon quería a Jesucristo, Mahatma Ghandi y Adolf Hitler, pero fueron eliminados a insistencia de EMI, aún así, Lennon pudo colocar a Karl Marx, Edgar Allan Poe y Oscar Wilde. Blake tardó dos semanas en construir el collage de fotos: “Las figuras que hay detrás de la banda solo tenían 60 cm de fondo, y delante había una fila con las figuras de cera. Los Beatles reales estaban sobre una plataforma de 120 cm de fondo, con el bombo delante, y más adelante el arriate de flores, asentado en un ángulo, quizás de 3 metros de fondo. Por tanto, desde el frente hasta el fondo solo había una distancia de unos 4,5 metros”.

La sesión de fotos se llevó a cabo un día antes de que salga el disco en el estudio del fotógrafo Michael Cooper, en Chelsea. La banda venía de grabar las tomas finales de With A Little Help From My Friends. Los Fabulosos Cuatro llegaron a las 20 y se calzaron sus uniformes satinados del siglo XIX, especialmente confeccionados para la ocasión por la Agencia Teatral Burman’s, para afrontar la cámara. La sesión duró casi tres horas e incluía las tomas para la parte central del álbum y la contracarátula. Blake ordenó que los arreglos de plantas florezcan precisamente para la noche en que ocurriría la sesión fotográfica, pero como el evento fue aplazado por los Beatles, no todas las flores sobrevivieron.  Un asistente de 15 años de edad de una florería, ofreció hacer un arreglo especial de las flores para que no se marchitaran dándole así, la icónica forma de la guitarra.

Además de su innovador diseño, el disco fue el primero en incluir las letras impresas en el packaging y, hasta su salida, fue la tapa más costosa de la historia. La producción de la mayoría de las tapas de discos era de 50 libras, pero la obra conceptual de los Beatles superó las 3000. Sin duda alguna, un precio razonable para, quizás, la tapa más icónica en la historia de la música.

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