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El legado de Morrison

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Sin duda alguna, Jim Morrison es el estereotipo clásico del músico de rock. De hecho podría decirse que es el creador. El Rey Lagarto, como se autoproclamó, fue el primero en utilizar los clásicos pantalones de cuero negro, dejarse el pelo largo alborotado y seducir a toda una generación de jóvenes que estaba cansada del producto que el mercado les ofrecía.

Para hablar de la influencia y el legado de Morrison no se puede dejar afuera cuales fueron las suyas. Desde Arthur Rimbaud hasta William Blake, pasando por Jack Kerouac y Dylan Thomas. Pero las más marcadas fueron el filósofo alemán Friederich Nietzsche y el británico Aldous Huxley.

La dualidad entre lo apolíneo y lo dionisíaco que Nietzsche estableció en su libro El nacimiento de la tragedia fue una enorme influencia para Morrison. El cantante declaró que si alguien quería saber qué pasaba por su cabeza debería primero leer ese libro.

Por su parte, Huxley es el responsable del nombre del grupo. The Doors fue bautizado así fue después de que Morrison leyera su libro, Las Puertas de la Percepción. Huxley tituló así esta obra a partir de una cita de William Blake: “Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito“. El libro, que forma un verdadero díptico con Cielo e Infierno, narra la experiencia de Huxley con la mescalina, una droga alucinógena.

El cantante estaba fascinado con el libro. Lo leyó y releyó varias veces a lo largo de su vida. Le interesaban especialmente las ideas de Huxley acerca del artista: “El artista está congénitamente equipado para ver todo el tiempo lo que los demás vemos únicamente bajo la influencia de la mescalina. La mayoría de los imaginativos se transforman con esta droga en visionarios. Algunos de ellos -y son tal vez más numerosos de lo que generalmente se supone- no necesitan transformación, son visionarios todo el tiempo“.

En cuanto a la influencia musical del frontman, la que más destaca y más lo marcó fue la del norteamericano Elvis Presley. Sus bailes eróticos, sus letras salvajes, vivir como si no hubiera mañana, entre otras cosas, fueron las que marcaron a un joven Morrison a querer ser  una estrella.

Las letras de Morrison están cargadas de un ambiente oscuro. Son canciones que hablan de temas muy profundos, con un abordaje muy filosófico. Se presentan temáticas como la vida y la muerte, el amor, la crítica a la época que se vivía y su visión de ver el mundo. Sin duda alguna, el artista estaba marcando un escenario que iba a quedar impreso para la posterioridad.

Su influencia se puede ver marcada en cada una de las generaciones que le prosiguieron. Desde sus más cercanas e inmediatas, como Led Zeppelin, Pink Floyd, The Ramones, hasta las bandas de nuestros días, como los Red Hot Chili Peppers, Arctic Monkeys, Oasis, entre otras. Morrison marcó un camino, cosechó una idea y dejó hasta su vida para poder ir más allá, lograr cruzar la añorada puerta de la percepción para volverse infinito y convertirse en una estrella más.

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El arte de improvisar

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En la diversidad cultural argentina hay dos géneros musicales basados en la improvisación poética con públicos muy distintos pero igual de fieles: el freestyle y la payada. La popularidad del primero ha ido ascenso en los últimos años y se ha instalado definitivamente con una gran presencia en redes sociales como YouTube, Instagram y Facebook, además de las masivas competencias en vivo. Los payadores, por su parte, arrastran una tradición desde el siglo pasado y mantienen su vigencia al día de hoy en festivales de folklore, los cuales son sumamente populares.

Los orígenes de estas disciplinas son completamente distintos, sin embargo, existen puntos de contacto. La métrica y la discusión dialéctica unen a estos dos estilos musicales de manera transversal. La payada, surgida en Latinoamérica a principios del siglo XIX, es considerada un arte poético musical en el que una persona, el payador, improvisa rimando acompañado de una guitarra. Cuando se “enfrenta” a otro payadorse denomina contrapunto y durante esa batalla los contrincantes su turnaran para enviar un ataque recitado y rimado para luego recibir una respuesta. En el Rap, surgido en Estados Unidos en la década del 60, sucede algo similar. Cuando dos raperos MC’s, tienen un enfrentamiento, se denomina “batalla de gallos”. Hay un ataque y una respuesta hasta que el jurado define un ganador.

Estas son las dos artes de improvisación por excelencia y ambas tienen amplia difusión en el país. “Hay algo común entre el payador y el rapero”, explica el payador de la Matanza, Ángel Barrera, y agrega: “los dos improvisamos. Tenemos formas distintas, ritmos, lenguaje, vestimenta, pero con un mismo fin de manifiesto: Expresar lo que pensamos y sentimos, repentinamente, cantando”.

Al momento del contrapunto o la batalla de gallos las diferencias entre las dos disciplinas vuelven a manifestarse. La argumentación en las batallas de rap suelen tener un tono más violento o elevado, no por esto menos desafiante que la de los artistas folklóricos. A pesar de la percepción que se pueda tener sobre la relación que tienen los contrincantes luego de batirse a duelo, los protagonistas explican que esto no genera ningún “resentimiento” entre los competidores.

“El enfrentamiento, el contrapunto, sucede en el plano de la ficción. Todo lo que se dice está contemplado por ese contexto. Son dos actores”, argumenta uno de los impulsores el movimiento internacional de improvisadores Juglares del Mundo, el payador Wilson Saliwonczyk, y agrega con cierto humor: “dos personas pueden tener problemas personales pero eso no tiene que ver con la payada. La payada sucede en el plano de lo simbólico”.

Matías Berner, conocido popularmente como Muphasa MC, uno de los organizadores de una de las competencias más importantes de freestyle en Buenos Aires, el Quinto Escalón, valida lo que dice el artista folklórico: “una vez que termina la batalla nos damos la mano y nos olvidamos de eso que nos dijimos. Es una competencia y ambos participantes quieren ganar”

Tanto los payadores como el raperos creen que este es un momento favorable para la difusión de sus respectivos géneros por distintas razones. Saliwonczyk  sostiene que la payada está en un momento histórico. “Con la llegada de los medios de comunicación masivos se aceleró esa transmisión de conocimientos. Esto provocó que se hiciera más popular el género. Ya no es necesario que haya un maestro enseñándole personalmente a su aprendiz a payar. Lo puede ver por internet”, señala el artista folklórico.

Asimismo, Muphasa coincide con su colega: “En últimos años entró mucha gente nueva que modificó lo que significaba popularmente ser rapero o rapear. Hay nuevamente MC’s grabando discos, haciendo videos, tratando de mejorar su métrica. Hay más demanda y por lo tanto mucho más material”.

Parte de este crecimiento paulatino que está atravesando el género más antiguo se debe a que lentamente algunas características arraigadas al pasado o sus orígenes se han ido modificando. “Aunque nos cuesta, nos atrevemos a utilizar nuevos términos provenientes de otros idiomas o del nuevo lenguaje reproducido por distintas clases sociales”, argumenta Barrera. Sin embargo, su par, Saliwonczyk, es mucho más crítico en este aspecto: “la payada debería aprender del hip-hop a actualizar su discurso. Cobrar esa frescura urbana que el rap tiene para hablar de la actualidad. Hay muchos nuevos payadores urbanos que cantan como si fueran rurales, y agrega: asimismo creo que el rap en Argentina debería, en algún momento, hacer una autocrítica en lo que respecta a su identidad. Sus muletillas y su lenguaje están demasiado minados por la cultura estadounidense”.

 

A pesar de estas aseveraciones, Muphasa disiente con ellos: “Hay mucha diferencia entre las dos disciplinas. Sus orígenes son distintos y los temas de los que hablan, también lo son”, y agrega con cierto cinismo: “No sé si puede uno aprender mucho del otro. Con que los payadores conozcan el rap y viceversa es suficiente”.

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La vuelta de un gigante del rock nacional

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En diciembre volverá el BAROCK, primer megafestival argentino de rock, pero la fiesta comenzará mañana con un acusticazo en el Gran Rex. Diego Ripoll, creador del festival, junto a Alejandro Medina (Manal) y Ciro Fogliatta (Los Gatos) rememoran esas épocas en las que todavía no estaba todo inventado y cuentan sobre como será la tan ansiada vuelta. 
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Yellow Submarine, el psicodelico viaje animado de Sgt Pepper’s

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Casi una década antes de su explosión formal Los Beatles marcaron el inicio del movimiento psicodelico. El estilo musical innovador que empezó con Revolver se terminó de asentar algunos años después con la salida de Sgt. Pepper’s Lonely Hearth Club Band y se mantendría como estilo de la banda hasta su disolución.

En medio de esa vorágine colorida y bizarra nació Yellow Submarine, un film que a simple vista parece ser una película para promocionar un disco pero que terminaría transformándose en un pilar en la historia de la animación.

Esta no fue la primera experiencia de los “Fab Four” con el cine. Ellos venían de grabar Magical Mistery Tour en 1967, una película muy surreal que parecía salida de la imaginación de Dalí. Antes de eso habían hecho Help y A Hard Day Night, tres películas atacadas ferozmente  por la prensa.

El miedo a fracasar nuevamente en este mercado, además de la mala experiencia que habían tenido los músicos con los dibujos animados en la era de Help, hicieron que ellos se negaran en un principio a encarar este proyecto pero finalmente aceptarón reticentemente el contrato para esta película.

Que sea un film de Los Beatles no quiere decir que ellos tengan que actuar en el film, por lo que, al contrario de la creencia popular, sus voces fueron dobladas por Paul Angelis como Ringo, John Clive como John Lennon, Geoffrey Hughes como Paul McCartney y Peter Batten como George Harrison, aunque este último no apareció en los créditos.

La historia, si bien es simple, hace atravesar a “Los Cuatro de Liverpool” por situaciones bizarras para vencer a los Meanies, una raza de personas azules que odian a la música y la intentan hacer desaparecer de Pepperland.

El alcalde de ese país ficticio manda a Old Fred con el submarino amarillo a buscar ayuda. Fred encuentra a Ringo en medio de una lluviosa Londres y lo convence de acompañarlo en el viaje para salvar a la música junto a sus tres mejores amigos.

Para la época este film fue completamente disruptivo. Los dibujos animados usaban técnicas de animación más cerradas y con menos campo para generar esas imágenes coloridas y psicodélicas que marcarían el inicio de una nueva etapa en la historia del arte.

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