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Steven Wilson sacudió Groove

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Steven Wilson se presentó anoche en Groove (Av. Santa Fe 4389) con un repertorio de temas que recorrió todos los estilos musicales de su carrera: hubo metal, hard rock, electro. Nada quedó fuera.

Bocinas, motos, colectivos, gente apurada yendo y viniendo. En medio de la tarde caótica de la ciudad, los fanáticos de Wilson esperaban para entrar a Groove en una fila que se extendía hasta la esquina de La Rural.

Una vez dentro, algunos optaban por quedarse abajo. Otros, preferían ir escaleras arriba. Todo se acomodaba mientras en el escenario se realizaban las últimas pruebas de sonido. El show comenzó minutos antes de las nueve de la noche. Empezaron a proyectar imágenes de edificios, autopistas, plazas vacías bajo un cielo nublado. Pasaban una detrás de otra como escenas de una ciudad deshabitada. Hasta que una en particular quedó fija. Un edificio tomado de frente, con ventanas que se iluminaban y apagaban al ritmo de las luces azules y titilantes del escenario. Wilson seguía sin aparecer y la tensión aumentaba. El público, en un silencio sigiloso que aguarda la entrada inminente del ídolo, explotó cuando entró a escena saludando junto con su banda. El público lo recibió con un clásico argentino, al ritmo de “Olé olé olé, Wilson, Wilson”.

Un piano calmo fue la intro del recital. Detrás, las proyecciones mostraban, ahora, a una mujer de pelo negro, sentada al aire libre, fumando tranquila. Alrededor de ella giraba la historia de la primera parte del show. La calma se rompió unos instantes después, cuando la batería empezó a retumbar en todas las paredes, y a sonar 3 Years Older. El segundo tema sería más electrizante y enérgico, con guitarras distorsionadas y luces centelleantes que rompían con el comienzo relativamente tranquilo.

Luego, Wilson saludó: “Muchas gracias por recibirnos. Este será un show largo”, y adelantó que la primer parte se centraría en sus discos más recientes –Hand. Cannot. Erase y 4 ½-, y la segunda recorrería su pasado musical.

Durante las canciones del primer bloque, las proyecciones mostraban escenas de la vida cotidiana y recuerdos de la mujer presentada al principio. Todo con una clara carga de melancolía.

Más adelante, Wilson comentó el calor que hacía en el escenario. “Hace mucho calor. Este será un show muy caliente. Sexo caliente y música”, bromeó antes de comenzar con el tema que da nombre al álbum y con el que seguiría, Perfect Life. Luego, se detuvo a hablar sobre la melancolía de su música: “Yo crecí en los ochentas con bandas como Joy Division y The Cure. Su música era realmente depresiva y me hacía feliz. Cuando prendía la radio y escuchaba canciones felices, me sentía deprimido”, dijo destacando la última palabra con un tono burlón, y el público estalló en risas.

Más tarde, sería el turno de Routine. Al fondo se proyectaría su respectivo video, el cual introduce personajes animados y rompe con la historia anterior, aunque mantiene la temática. Por momentos, recordó a las power balads de los años ochenta.

Luego, el recital giraría hacia un estilo más hard rock. La batería surge como la protagonista del segmento. La banda volvió a sus influencias más roqueras. El escenario se iluminó completamente de rojo, como en llamas, acompañando la intensidad de la música, con un Wilson  que sacudía la guitarra y el pelo largo.

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Durante la presentación, tuvo lugar otro momento gracioso de la noche. El cantante dio a la audiencia un curso avanzado de “poses de banda de rock”. En el momento de presentar a Holzman, comentó el pasado del músico como artista de jazz. Contó: “Adam es un músico de jazz. Por eso, lo único que tenía que enseñarle para formar parte de la banda era… posar para las sesiones de fotos”, y desató las risas del público. A continuación, explicó las poses que debían tener los guitarristas. El baterista, según dijo, solo debe aprender una: los cuernitos.

Luego siguió un bloque tranquilo, que empezó con Transcience. A lo último, volvió a sacar su costado metalero. Las luces y el sonido realzaron la fuerza e intensidad de la performance en una sobrecarga de los sentidos. La intensidad bajaría de nuevo con el tema Happy Returns.

Después de un intervalo de veinte minutos, Wilson volvió al escenario y abrió la segunda parte con Drag Ropes, que pertenece a Storm Corrosion, su colaboración musical con Mikael Åkerfeldt de la banda sueca Opeth. En el escenario se proyectó el video de la canción y se generó un ambiente tétrico y lúgubre, que nada tenía para envidiarle a las historias de Tim Burton. Luego, siguió Open Car de sus días con Porcupine Tree. Este bloque fue una especie de cápsula en el tiempo.

A continuación, Wilson habló de su vínculo con el metal. Afirmó que dejó de centrarse en él porque es, a su parecer, un género muy “limitado”, pero aún así conserva una fase metalera. Luego, siguió un bloque estridente y cargado con guitarras distorsionadas. Y, hacia el final, dejó ver su fase más teatral con temas como Index.

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Bandalos Chinos en Vorterix: un sueño cumplido

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Prepararse para lograrlo: ocho años atrás, en una casa de Santa Bárbara, en Tigre, realizaban su primer ensayo. Ayer, tras dos EP, Nunca Estuve Acá (2014) y En El Aire (2016), reiteradas apariciones en los festivales nacionales más importantes y 40 conciertos durante 2017, concretaron lo que Goyo Degano, su frontman, definió como “un sueño cumplido”: la primera fecha propia de Bandalos Chinos en el Vorterix. Un show célebre que contó con increíbles reversiones de temas de Fito Paéz y Luis Miguel que realizaron junto a sus invitados especiales, Facundo CastañoFran Saglietti y Gonzalo Aloras, entre otros.

Dispuestos a superar con creces este gran desafío, el sexteto de San Isidro tuvo un año movido que lo dejó en forma para este encuentro. Desde la organización y concreción del Festichino, su propio festival, durante agosto, al lanzamiento del videoclip de Dije tu nombre, en octubre, con la colaboración de un amigo de la casa: Peter Lanzani. El mensaje es claro: van por todo y esto es recién el comienzo.

Guli estuvo encargada de abrir las puertas del pasaje pop ochentoso que estaba por venir. Una hora de sonidos mixturados y electrónicos encendieron la pista del teatro de Colegiales que hizo bailar a una mayoría expectante. Antes de terminar su número, Simon Poxyran, solista y cantante de Perras On The Beach, fue invitado a entonar uno de los últimos singles de Guli: “Estás prendida lo sé…”.

A continuación, Goyo y sus habitantes orientales salieron a comerse al público con sus palitos chinos: Nunca Estuve Acá, Un Día e Isla sonaron en forma de presentación. “Nos vamos a dar el gusto de tocar un montón de temas”, anticipó. Dos temas después, se sumó Facundo Castaño de El Zar a interpretar Bailar Con Las Cenizas: el comienzo de las sorpresas.

Un sonido nítido y preciso los acompañó durante la hora y media que sonaron. Tal vez, este show haya sido pensado como un nuevo comienzo. La aparición de Fran Saglietti de Francisca y Los Exploradores enardeció aún más al público que apenas estaba transitando la primera parte del concierto. La ternura estaba apoderándose de todos los rincones del teatro y terminó de hacerlo en cuanto Gonzalo Aloras pisó el escenario. Junto a Goyo, interpretaron la versión de Las Cosas Tienen Movimiento de Fito Paéz que Luis Alberto Spinetta realizó en el icónico recital de Las Bandas Eternas: sublime.

Superar ese clímax era una apuesta difícil, de todas maneras los pibes del norte redoblaron la apuesta. Para cerrar el concierto, convocaron a todos sus invitados de lujo a acompañarlos en un último suspiro. Más de 20 músicos en escena se acoplaron. Unos acordes suspensivos no anunciaban qué iba a suceder… Suave de Luis Miguel en un ritmo elegante y festivo para despedirse olímpicamente.

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El Festilaptra, la fiesta platense que se convirtió en un clásico porteño

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El sello independiente Laptra volvió a celebrar su festival en la Ciudad Cultural Konex, con Bestia Bebé, Las Ligas Menores y El Mató a un Policía Motorizado a la cabeza. El Festilaptra contó con un line up similar al de sus ediciones anteriores, pero con la novedad de la presencia de Winter, la banda punk de Los Ángeles.

La jornada, gris y con una lluvia que parecía inminente, fue contagiándose de los sonidos de las bandas más chicas, como Mapa de Bits, Agrupación Musical Ayrton Senna y Javi Punga, tres propuestas con un sonido noventoso y alternativo, pero muy personal.

Mientras tanto, Antolín, Koyi y Atrás Hay Truenos, calentaban el escenario Tigre, ubicado en el mítico patio del Konex. El público esperaba por El Mató, pero al mismo tiempo pasaba un buen momento, escuchando las canciones de las bandas de Laptra.

107 Faunos se presentó, ya para mucha gente, bajo las estrellas, con un set conformado por todos sus hits. El Mató a un Policía Motorizado, dio el show más esperado de la noche y cerró el escenario de afuera con una particularidad: tal como lo habían anunciado en su cuenta de Twitter, tocaron todos los temas de La Síntesis O’Konor en orden y le agregaron otros de sus hits tales como Mi Próximo Movimiento y Chica de Oro.

La fiesta continuó en el escenario Laptra, con sets cortos de Super 1 Mundial, Cabeza Flotante, Srta. Trueno Negro y Hojas Secas, que precedieron al cierre del festival a cargo de Las Ligas Menores y Bestia Bebé. El rock platense había celebrado otra gran jornada.

107 Faunos, Las Ligas Menores y El Mató estarán el 15 y el 16 de diciembre en el Festival Bue, compartiendo escenario con Arcade Fire y Gorillaz, entre otros.

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Los Espíritus en el Malvinas Argentinas: arder el barrio

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Parece mentira pensar que alguna vez al gigante le costó enfrentarse al hombre. Sin embargo, Maxi Prietto, líder de Los Espíritus, lo confirma: durante mucho tiempo tuvo que tocar de espaldas al público por su timidez. Ayer, tras seis años de carrera y tres discos que los catapultaron como máximos exponentes de la escena local, llenaron el estadio cubierto Malvinas Argentinas y despidieron así la gira 2017 de Agua Ardiente, su último disco lanzado en junio de este año: dos horas y media de show y un repaso por toda su carrera que anonadó a casi cuatro mil personas.

Quien se atreva a definir qué sucede en cada show de los nuevos astros seguro utilizará palabras como “conexión”, “viaje”  y “movimiento”. No es casualidad. Algo sucede entre ellos y el público: es especial. Lograr ese rebote místico, a veces inexplicable, entre quienes se paran arriba del escenario y quienes, desde abajo, los contienen, es el que explica el éxito. Afuera y unos cuantos metros arriba de la cabeza de la mayoría había luna llena, adentro pedían que “¡remen ya!”: conexión.

Resulta interesante pensar -siempre- cómo la banda de la Paternal fue rompiendo con varios criterios estratégicos para masivizarse. A medida que se fueron popularizando, impusieron su manera de pensar sabiendo que, en parte, podía excluir al que no pensara como ellos: hacer y romper. Hoy, la postura ideológica es la identidad de Los Espíritus. Su música se ve atravesada por un contexto político ineludible: juegan e interpelan a través de sus letras. “Las armas las carga el diablo y las descarga algún ‘gendarme'”, parafraseó Prietto a Las armas las carga el diablo. Explicar por qué sería redundar.

A pesar de ser un novedoso desafío, concretaron una fiesta colectiva que arrancó horas antes entre medio del público: los grupos de percusión Gali Dundun Camara y Ensamble Maturé se infundieron con los espectadores para interactuar con ellos. Algunos descalzos, otros en cuero, bailaron en el campo ardiente durante más de una hora. Casi tres horas después, el show culminó con un mensaje del frontman: “Este año giramos por todos lados y en todos lados nos preguntaron, y nosotros también nos preguntamos, qué pasó con Santiago Maldonado. Muchas gracias“.

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